1. Las Poesías de Manuel Gutiérrez Nájera, recopiladas y ordenadas por Luis G. Urbina, prólogo de Justo Sierra, París y México: Librería de la Viuda de Ch. Bouret, 1896, aparecieron al año de su muerte. La impresión se hizo en el Establecimiento Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre.
En 1979 (83 años después), la colección Libros del Bicho, de Premiá Editora, hizo una edición facsímil, con diferencias importantes en las primeras páginas. Cambio de título: Poesía completa. Omisión del editor literario Luis G. Urbina en la cubierta. Más gravemente aún: mutilación del prólogo de Justo Sierra, suprimiendo (no está claro por qué) el crédito: “El señor Luis G. Urbina ha recogido con diligencia y amor los versos dispersos del Duque Job, dándoles forma de libro.”
2. Urbina, afortunadamente, fechó los poemas. De ahí resulta que Gutiérrez Nájera escribió o publicó “La duquesa Job” en 1884, a los veinticinco años.
Es un poema notable por sus innovaciones en el tema y la métrica; por su gracia y desenvoltura. Celebra el amor libre. Deja atrás el romanticismo, el nacionalismo y la poesía neoclásica.
Es el poema fundador del modernismo. Rubén Darío publicó Azul… cuatro años después, y todos sus poemas son posteriores a 1884, como puede verse en la edición de Ernesto Mejía Sánchez (Rubén Darío, Poesía, fce, 1952).
3. Las tiendas departamentales (grandes almacenes: grands magasins) son un invento francés del siglo XIX. La primera (Au Bon Marché, hoy Le Bon Marché) fue creada en París en 1853 por Aristide Boucicaut, con novedades nunca vistas: un conjunto de tiendas en un gran espacio cerrado bajo un solo techo. Precios fijos y a la vista. Personal de clase media. Un ambiente seguro para las señoras que van de compras y las jóvenes que las atienden (que entonces no salían de su casa a trabajar). La primera en México fue El Centro Mercantil, 1899.
El duque Job exalta a una empleada de tienda departamental (imaginaria, porque en 1884 no las había en México). Le da un título nobiliario: La duquesa Job, que la iguala con él.
Desde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del duque Job.
Pero la duquesa y el duque no están casados ni viven juntos. Se ven los domingos. Aunque ella trabaja como dependienta, es una joven independiente, que no vive con sus padres.
Si alguien la alcanza, si la requiebra,
ella, ligera como una cebra,
sigue camino del almacén;
pero ¡ay del tuno si alarga el brazo!
¡Nadie le salva del sombrillazo
que le descarga sobre la sien!
4. Es un poema largo, de ciento cuatro versos rimados en dieciocho estrofas; cuatro de cinco versos y catorce de seis. Todas las estrofas empiezan con un verso grave (acento en la penúltima sílaba) y terminan con uno agudo (acento en la última). Algunas rimas agudas llaman la atención por insólitas: Bob, Job, club; Paul de Kock, five o’clock; corsé de ¡crac!, coñac: beefsteak, Chapultepec.
Lo más insólito de todo es la música del poema, lograda con rimas difíciles y un metro todavía más difícil: el verso de diez sílabas.
Tomás Navarro Tomás (Métrica española, sección 44, p. 99) localizó decasílabos (muy poco musicales) del siglo xiv, en la moraleja de un relato en prosa del Libro del conde Lucanor:
Qui por caballero se toviere,
más debe desear este salto
que non si en la orden se metiere
o se encerrase tras muro alto.
Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) logró mucho más con su romance decasílabo en honor de la condesa de Paredes, admirable, pero artificioso:
Lámina sirva el Cielo al retrato,
Lísida, de tu angélica forma…
En el siglo XVIII, Tomás de Iriarte no llega a tanto en la fábula de “La avutarda”. Sus decasílabos son machacones:
De sus hijos la torpe avutarda
el pesado volar conocía…
Tampoco Gustavo Adolfo Bécquer (1859, Rimas, VII):
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
El decasílabo quedó entronizado en la letra del Himno Nacional (Francisco González Bocanegra, 1853):
Mexicanos, al grito de guerra,
el acero aprestad y el bridón.
[Bridón es el caballo ensillado con brida.]
En resumen: durante siglos, el decasílabo fue indómito y rebelde. Hasta que Gutiérrez Nájera compuso la música que lo volvió expresivo con gracia y gallardía. Logró lo mismo que Garcilaso con el endecasílabo en el siglo XVI.
“La duquesa Job” es una delicia. Puede leerse en la web y en muchas antologías. ~