Black Spartacus. The epic life of Toussaint Louverture

Autor Sudhir Hazareesingh

Editorial Farrar, Straus and Giroux

Nueva York, 2020, 464 pp.

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A diferencia de tantos líderes revolucionarios modernos, que encabezaron grandes movimientos de cambio siendo muy jóvenes (Robespierre, Lenin, Mao, Zapata, Guevara), Toussaint Louverture llegó a convertirse en la principal figura de la Revolución haitiana con más de cincuenta años. Durante siglos se ha desconocido cuándo exactamente nació aquel negro esclavo, nieto de Gaou Guinou, rey de Allada (Benín). Siempre se supo que había sido en la plantación de Bréda, pero como muchos esclavos nunca tuvo partida de nacimiento.

Algunos historiadores y biógrafos han fechado el nacimiento de Toussaint Bréda en 1739, otros en 1746. Ahora Sudhir Hazareesingh, en la biografía más completa que se ha escrito sobre este importante político americano, opta por 1740. De manera que cuando Toussaint Bréda se convierte en un negro liberto, en 1776, tenía 36 años, y cuando ya autonombrado Toussaint Louverture encabeza las tropas rebeldes en el nordeste de Saint-Domingue, tenía 53.

La Revolución haitiana fue, además de una epopeya liberadora, un acto de sabiduría histórica. En El reino de este mundo (1949), Alejo Carpentier asoció esa sabiduría con la intemporalidad de Mackandal, el cimarrón y houngan que reencarnaba en animales y plantas, o con la longevidad de Ti Noel, el personaje que vive y testifica todas las fases de la gesta, desde la insurrección de Boukman y Bullet en Bois Caïman hasta el incendio del palacio de Sans Souci y el suicidio del emperador Henri Christophe.

En el acto de inteligencia política que fue la Revolución, pocos líderes destacaron como Toussaint. Desde 1791, cuando la Asamblea francesa concedió derechos políticos a los mestizos, Louverture comprendió que el cambio revolucionario iniciado en Francia debía dar paso a una liberación anticolonial y antiesclavista en Saint-Domingue. No solo eso, desde el inicio del conflicto su visión del cambio fue tan radical en los fines como pragmática en los medios, al punto de aliarse con España entre 1793 y 1794 para combatir a los franceses.

Hazareesingh sostiene que para mediados de 1794, Toussaint comandaba un ejército de 6,000 hombres –no de 4,000, como han asegurado otros historiadores–, que puso a disposición de Étienne Laveaux, el nuevo gobernador francés que se enfrentaba a españoles y británicos. Pero advierte el biógrafo que la reorientación geopolítica del líder haitiano siempre tuvo como condición la premisa abolicionista, republicana y anticolonial del proceso revolucionario.

En las cartas de Toussaint a Laveaux hay una permanente apelación al concepto de “libertad general”, que incluye tanto la “destrucción universal de la esclavitud” como la “independencia absoluta” de Saint-Domingue bajo la forma republicana de gobierno. En cuanto es nombrado comandante en jefe del ejército haitiano, Toussaint ordena a Laveaux, que será representante ante la asamblea legislativa, que mantenga una presión simultánea a favor de las dos causas: la abolición y la independencia.

Esa doble presión se leerá, con mayor claridad, como expone Hazareesingh, en la Carta al Directorio, de noviembre de 1797, motivada por la amenaza de Viénot-Vaublanc de revocar la abolición de la esclavitud de febrero de 1794. Como comentara C. L. R. James en el clásico The black jacobins (1938), aquel documento de Toussaint Louverture establecía que el apoyo de los rebeldes haitianos al Directorio no era incondicional y que cualquier reversión de la “libertad y la igualdad” conduciría a un levantamiento contra Francia.

Así se verificó luego del golpe de Estado del 18 de brumario de Napoleón Bonaparte contra el Directorio, a fines de 1799. Desde entonces y hasta su captura en junio de 1802, Toussaint se enfrentó a tres ejércitos atlánticos, incluyendo el napoleónico de Charles Leclerc. Conforme Francia avanzaba hacia un nuevo diseño imperial, el ejército negro de Toussaint dominó la parte española de la isla y puso grandes franjas territoriales de Saint-Domingue bajo la legislación republicana. Fue en aquellos años que su concepto de “libertad general”, encarnado en el cuerpo de miles de esclavos emancipados, viajó como “viento común” por el mundo afroamericano, tal y como ha estudiado Julius S. Scott.

La asamblea constituyente y la Constitución haitiana de 1801 fueron un último intento pragmático de preservar la soberanía francesa sobre la rica colonia caribeña, bajo “leyes particulares”. Sin embargo, el artículo tercero de aquella Constitución establecía que en territorio haitiano “todos los hombres nacen, viven y mueren libres, no puede existir esclavitud y la servidumbre queda abolida para siempre”. La extensión del derecho de propiedad y la definición de las plantaciones como “manufacturas de cultivadores y obreros” otorgaban rango constitucional a la reforma agraria impulsada por aquellos jacobinos antillanos, que Hazareesingh prefiere llamar “Espartacos negros”.

La Constitución fue rechazada por Napoleón porque, a juicio del primer cónsul, algunas demandas como la “liberación de los negros” eran “contrarias a la dignidad y la soberanía del pueblo francés”. Hazareesingh observa cómo operaba el genio político de Toussaint en aquel último año, ya que mientras alentaba a Jean-Jacques Dessalines y a Alexandre Pétion a resistir a las tropas de Leclerc, intentaba convencer a Napoleón de que la nueva Constitución haitiana no era adversa a los intereses de Francia.

Traicionado por Jean Baptiste Brunet y arrestado por Leclerc, Toussaint fue deportado a Francia y encarcelado en Fort de Joux. Desde el “calabozo lóbrego”, en que escribió sus Memorias, volvió a dirigirse a Napoleón, admitiendo sus errores y apelando a la “humanidad” del primer cónsul para reunir a su esposa y sus hijos, dispersados por Europa. A Toussaint Louverture lo encontraron muerto en su celda el 7 de abril de 1803. Pocos meses después, en enero de 1804, Dessalines proclamaba la plena independencia de Haití. ~

Black Spartacus. The epic life of Toussaint Louverture

Autor Sudhir Hazareesingh

Editorial Farrar, Straus and Giroux

Nueva York, 2020, 464 pp.

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