Macho, macho man

Hombres de verdad

Brenda Ríos

Turner

Ciudad de México, 2022, 184 pp.

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¿Qué debe hacer un hombre para ser un hombre de verdad? ¿Batirse a duelo con otro miembro de la tribu? ¿Cazar animales? ¿Acostarse con el mayor número de mujeres posible? ¿Cruzar a nado un río? ¿Unirse a una banda delictiva? Desde hace años estas preguntas rondan la cabeza de Brenda Ríos (Acapulco, 1975), quien por ser la nieta mayor era tratada por su familia materna como un varón. En Hombres de verdad, la escritora examina las implicaciones de ser, asumirse y probarse como un hombre, pero no con un interés antropológico o sociológico, sino literario. “¿Podemos explicarnos a nosotros mismos a través de lo literario?” La respuesta que se esboza en su breve libro es sí.

Hombres de verdad podría leerse como una contraparte y continuación de su obra anterior, Raras. Ensayos sobre el amor, lo femenino, la voluntad creadora (2019). Si en Raras… los perfiles de las veinticinco mujeres que lo conforman tienen como hilo conductor el cómo ellas conquistaron un lugar dentro del espacio público dominado por los hombres y la reflexión sobre la naturaleza del cuerpo y la mente femenina, en Hombres de verdad se encuentran en el centro los efectos negativos que ha tenido “el exceso de lo masculino”, como la autora nombra a la necesidad de algunos hombres de demostrar aquello de lo que carecen, en la literatura y la sociedad.

La escritura de Ríos fluye de manera ágil entretejiendo aspectos de su vida con sus lecturas y las vidas de otros. En esto se nota la influencia de Vivian Gornick, a quien cita al inicio en relación a la incapacidad que tienen las mujeres para verse a sí mismas como trabajadoras. Ríos se pregunta si eso será exclusivo de la cultura anglosajona o si en la cultura latinoamericana, donde las mujeres son criadas para atender a los hombres, podría suceder lo mismo. Sin arriesgarse a dar una respuesta, actitud que se repetirá a lo largo de todo el libro, la ensayista (fiel a su oficio) va hilando inquietudes que la llevan a tender lazos que van desde la prevalencia de los hombres en el poder al incremento de la violencia en contra de las mujeres.

Hombres de verdad está dividido en dos partes. En la primera, Ríos analiza diversas novelas, personajes y escritores para pensar qué ideas diferentes sobre el amor, el deseo, el dolor, el sexo y la belleza se nos han inculcado a hombres y mujeres. Esto sin un afán de profundizar las brechas entre unos y otras, sino todo lo contrario. A lo largo de su meditación, va entreverando fragmentos de novelas y ensayos firmados por escritores y escritoras, lo cual dota a su análisis de un dinamismo que le permite saltar de un tema a otro sin perder al lector y que recuerda a los collages y al fragmento benjaminiano. La segunda parte tiene un tono diferente. En una declaración al inicio del apartado, Ríos menciona que en sus planes originales este estaría dedicado a los poetas homosexuales, pero que fueron estos mismos los que la llevaron por otro camino, uno más personal.

Me detengo en esta parte porque considero que en ella son más tangibles la mirada y la experiencia de la ensayista. Mientras en la primera demuestra lo versada que está en el terreno literario, con citas y alusiones a obras de diferentes épocas, lenguas y países, en la segunda la analista pasa a ser el objeto de análisis y el foco ya no está en qué hace a los hombres ser hombres, sino a las personas serlo sin necesidad de etiquetas. “En mí hallé a un hombre que me habita. Soy también eso. Un hombre y una mujer y un espacio que es nada entre ambos. Soy homosexual, heterosexual, asexual. Soy una planta. Soy un fruto que no es hembra ni macho: es semilla.” Frente a Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa propone a Ocean Vuong, Pedro Lemebel, Reinaldo Arenas, Caio Fernando Abreu. Estos, llamados por ella “los otros”, son los escritores que, al estilo de Virgilio con Dante, guían a Ríos en su propia exploración en torno al cuerpo y la sensibilidad.

A su vez, en este apartado es donde también queda más claro el posicionamiento político de Ríos desde la escritura. “Lo sentimental es un arma política”, afirma la ensayista. Los rituales de paso de niños a hombres suelen tener como ingrediente principal la agresividad, como si la hombría fuera algo imposible de disociar de la violencia. Por su parte, a las mujeres se les educa en la sensibilidad y la ternura. La mujer cuida y nutre, el hombre agrede y despoja. Gracias a las mujeres que realizan las tareas de cuidados y se sacrifican por los hijos, hermanos y padres, “en esa cadena que apresa a unas y libera a otros”, es que se sostienen las naciones, la cultura y el lenguaje.

Mientras leía el ensayo de Ríos, la fotografía de Rafael Nadal y Roger Federer llorando tomados de las manos por el retiro del segundo de las canchas de tenis daba la vuelta al mundo. La imagen de dos deportistas de alto rendimiento, exitosos, varoniles mostrándose vulnerables incomodó a muchas personas. ¿Por qué? “Los hombres no pueden darse el lujo de mostrar debilidad, el interior: deben cumplir un cliché anunciado no se sabe cuándo, no se sabe por quién para servir a qué causa. Y, sin embargo, existe”, escribe Ríos como previendo el corto circuito que provocaría esta imagen. Así, ese ideal de macho fuerte y todopoderoso se ha convertido en una carga insoportable que ha dado como resultado hombres infelices, reprimidos y violentos. La sensibilidad no es exclusiva de las mujeres, “se posee desde el cuerpo”, sostiene la autora, y es mediante el tacto que también nos comunicamos. El gesto de Federer y Nadal y las reacciones que provocó son una muestra de lo urgente que es dejar de pensar que los hombres no son capaces de superar los moldes estrechos que la sociedad les ha impuesto.

En Hombres de verdad Brenda Ríos cuestiona las dicotomías en las que vivimos –femenino/masculino, frío/calor, día/noche– y nos invita a reconfigurar nuestra visión sobre lo que creemos que debe ser un hombre (y también una mujer). ~


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