A dónde me devuelvo, si todo tiene grietas,
si casi no distingo el ruido de tus huesos,
tu silueta empeñada en la contemplación
de un río que ya no existe,
de una casa en escombros
que pudo o no existir
más allá de las lindes de nuestra comprensión.
Será que envejecimos,
que nos llegó la noche en pleno mediodía,
que de un momento a otro
abrimos una puerta, algún cancel interno,
una reja oxidada hacia ninguna parte,
y salimos de prisa, pensando
que jamás habríamos de volver.
Debió ser por el frío, por el temblor
del cuerpo, por el presentimiento
de haber andado mucho,
que otra vez recordamos
aquel portón de antes,
y quisimos voltear,
buscar en los bolsillos y encontrar una llave,
un lugar en el mundo,
una señal cualquiera para recomenzar.
Y solo nos aguardan estas piedras partidas.
Y no estamos seguros de habernos visto antes,
de que estos muros rotos, estas grietas profundas,
hayan sido otra cosa. ~
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