Dos sermones navideños

Los sentimientos encontrados que produce la época de Navidad han sido motivo de interesantes proyectos de carácter literario. Algunos aman la época de Navidad, otros la detestan. ¿Por qué? No importa qué religión se profese la llegada del invierno y la culminación del año se convierten en imágenes de fin y principio que nos mueven a reflexionar sobre el pasado y a hacer un ajuste de cuentas con la vida y con su carácter efímero, al margen de la concepción religiosa de la fe cristiana. Si Shakespeare y Dickens y aun antes, en la leyenda de El caballero verde de la literatura medieval inglesa, aprovecharon estas fechas para recrear las festividades de invierno y la melancolía que generan a través de los sentimientos contrapuestos de esperanza, gratitud, temor a lo desconocido y conciencia de la muerte, también los ensayistas afinaron sus plumas para meditar sobre el significado de la Navidad y el año nuevo. Los ensayos de los ingleses muestran, en lo fundamental, un carácter empírico en tanto que consideran que buena parte del conocimiento proviene de los sentidos. Su enfoque no para mientes en sesudas teorías, mistificaciones y enredadas abstracciones, sino que es directo, sencillo, irónico, juguetón y elegante. “La buena prosa consiste en expresar sentimientos que sean naturales sin necesidad de caer en lo obvio”, fue el dictum de Addison que Hume que asumió para sí. Bajo esa norma se insertaron los ensayistas románticos que a su vez le imprimieron al género un giro creativo, paradójico y especulativo que ilumina la totalidad del texto como si se tratara de una ficción. A esa forma de escribir ensayos William Hazlitt le llamó “de sobremesa” (Table Talk) o “de conversación”.

En “En la noche de año nuevo” (“On New Year’s Eve”) Charles Lamb, el extraordinario prosista creador de un estilo elusivo y socarrón que se escudó bajo el pseudónimo de “Elia” para evitar suspicacias y poder soltar sus especulaciones y diatribas, discurre sobre el tiempo y la proximidad de la muerte durante esa noche en particular. Stevenson, por su parte, muchos años más tarde, recoge el mismo tema, centrado en la Navidad, a través de lo que él llama un “sermón”, género afín al ensayo de los que la literatura inglesa tiene excelentes modelos que van desde John Donne hasta T. S. Eliot. Ensayo y sermón fueron escritos con el edificante propósito de reflexionar y levantar el ánimo de los lectores durante las celebraciones decembrinas. Lamb apuesta por la vida, Stevenson por la aceptación de la muerte; ambos se inclinan por una visión optimista muy ligada a la naturaleza que justifique principio y fin de nuestras vidas. El poema de Cotton que utiliza Lamb al finalizar afirma que “quien tiene un buen año cada tres / pero se queja del destino / mucha ingratitud muestra / y no merece el don que goza”. El de Stevenson se relaciona más con la aceptación de la muerte mediante una amplia imagen: “la alondra continúa su canto y el sol / concluyendo su bendición / se hunde mientras el aire oscurece / y se estremece por la sensación de la noche triunfante...”. Que los disfruten. ~

 

>En la noche de año nuevo, de Charles Lamb

>Sermón de Navidad, de Robert Louis Stevenson

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Comentarios (1)

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También habría que considerar el estado de morbidez física general que exhibió Stevenson durante una buena parte de su vida. Sus reflexiones en torno al matrimonio, el estudio, la amistad que incluye en su Virginibus Purisque permiten inferir que su autor era un hombre familiarizado con la idea de la muerte. En lo que sí no tiene igual es la generosidad que nos dispensa en cada meditación, una prodigalidad que, me temo, semeja una aguja en el pajar de mezquindad, egoísmo y ambición que menudean entre muchos de nuestros escritores. Ojalá tuviéramos muchos Stevensons.

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