Las improvisaciones en el Quijote

El libro que fundó la novela moderna no fue fruto de la premeditación, sino de una sucesión de improvisaciones. Por un lado, las de Cervantes, que decidió alargar lo que muy probablemente empezó siendo una novela corta. Pero también, como señala González Echevarría, las del propio don Quijote en sus aventuras.  

Quisiera proponer una idea relativamente nueva sobre el Quijote que puede parecer un desacato, tratándose de un clásico de la literatura universal: que la génesis del libro y su estructura dependen de la improvisación, siendo además la improvisación uno de sus temas esenciales porque está en la base misma de la reflexividad, que es una de las características principales del Quijote y del género novelístico que el libro de Cervantes parece haber iniciado. Por reflexividad me refiero a la historia de cómo se escribió la novela, a la presentación de las varias etapas de su elaboración y a la identidad y función de su autor en el relato. Es fácil olvidar que, aunque encuadernadas en un solo volumen, o en un juego de dos tomos, el Quijote no es una sola sino dos novelas (primera y segunda parte, como se les conoce), por lo que voy a ocuparme de ellas en el orden en que aparecieron –1605 y 1615–, ya que cada una tiene su propia génesis y estructura.

Cervantes no se propuso escribir el Quijote tal y como lo conocemos hoy: una narración relativamente larga, múltiples periplos de los protagonistas y complicadas aventuras que conducen al héroe de retorno a casa y a su muerte. Aunque persisten los debates sobre el tema, a mí y a otros nos parece claro que lo que Cervantes primero redactó fue una novella, un cuento largo o novela breve en el estilo italiano de Boccaccio y Bandello; tenía, suponemos, más o menos la misma longitud que las que publicó en 1613 bajo el título de Novelas ejemplares, y que las que insertó en la primera parte del Quijote, como “El curioso impertinente”. El relato original de lo que llegaría a ser el Quijote versaba sobre un hidalgo provinciano que enloquece por haber leído demasiados libros de caballerías y decide convertirse en caballero andante. Esta primitiva narración abarca lo que serían los primeros cinco o seis capítulos de la primera parte, desde el momento en que Alonso Quijano decide transformarse en don Quijote hasta que es devuelto a su casa por Pedro Alonso, su solícito vecino, aporreado y abatido tras el violento altercado con los criados de los mercaderes de Toledo. La conclusión de este relato primigenio pudo haber sido el escrutinio de los libros del hidalgo que llevan a cabo el cura y el barbero, asistidos con entusiasmo por el ama y la sobrina.

Es posible que en esos capítulos primerizos Cervantes siguiera la trama de una obra teatral muy menor de un acto –un entremés– en la que un individuo pierde la razón y trata de convertirse en uno de los héroes de los romances. Estos poemas, derivados de la épica, como es sabido, eran muy populares en el siglo XVI porque muchos rememoraban las guerras contra los moros, la Reconquista, que era un mito nacional de fundación en ese entonces. Pero algunos críticos han sostenido que la obrita fue escrita después del Quijote, y sería esta, por tanto, la que imita la novela de Cervantes, aunque nunca la menciona. Sea lo que sea, lo que importa es que el modelo que Cervantes siguió cuando concibió el Quijote fue la novela corta o relato largo, centrado en un protagonista único, un hombre maduro no disímil de otros protagonistas viejos como los que aparecen en su entremés “El viejo celoso” y su novela ejemplar “El celoso extremeño”. Los protagonistas viejos no son comunes en la ficción occidental (hay excepciones, como el rey Lear), y una de las características excepcionales del personaje Quijote es precisamente que, a causa de su avanzada edad, está más allá de lo que Freud denominó el “romance familiar”: el lector no llega a saber casi nada sobre los parientes de don Quijote, y muy poco de sus antecedentes –no hay padre ni madre, y solo la hermana, madre de la sobrina que vive con él–. Su personalidad y la decisión de hacerse caballero andante no las determina el pasado; son el resultado de decisiones no gobernadas por la necesidad, lo cual es congruente con el tono de improvisación que parece dominar la génesis y estructura de la novela.

Fue probablemente al tratar de encontrar un final conveniente para su novela corta, y al además darse cuenta de la multitud de posibilidades del personaje que acababa de crear en don Quijote, cuando Cervantes decidió, como su propio protagonista, aventurarse y seguir adelante hacia lo desconocido; proseguir con la narración que había iniciado. Tuvo entonces la feliz idea de incorporar a Sancho Panza al relato, abriendo así una dimensión que le permitió insertar la vida cotidiana y la realidad ordinaria que experimentaba la gente de su propio tiempo y ambiente y, más aún, contraponer a las peligrosas quimeras de don Quijote una dosis de realismo y sentido común. Puede que Cervantes derivase a Sancho de la moda picaresca prevalente en la época, que había comenzado con la publicación de La vida de Lazarillo de Tormes en 1554 y culminado con la Primera parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache en 1599, o más probablemente del teatro cómico de la época –la commedia dell’arte y los “pasos” de Lope de Rueda, donde personajes rurales hacían las delicias del público urbano.

De ese punto en adelante, es decir, con la segunda salida de don Quijote, Cervantes tuvo que proseguir improvisando porque no había modelo para una narrativa dilatada de dos personajes que se desarrollan en un medio realista, porque la novela, como la conocemos desde el Quijote, no existía todavía. Para un relato largo construido en torno a un héroe estaba el ejemplo del género épico, desde luego, el clásico y el renacentista (Virgilio y Ariosto), así como las novelas de caballerías. Había también lo que han llegado a llamarse novelas picarescas que en el siglo XVI se denominaban “vidas”, no novelas. Estas se adherían al patrón autobiográfico, específicamente la confesión de un criminal arrepentido, o que se dice arrepentido, como en el caso del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán. Estas son las obras en que el realismo, como lo concebimos hoy, apareció por primera vez en la ficción narrativa occidental. Si nos fijamos en la portada del Quijote de 1605 constatamos que Cervantes no tituló su libro “novela” sino El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ese título, por razones que pronto expondré, se ajustaba al estilo y compás de los libros de caballerías, tales como El caballero ZifarAmadís de Gaula y Tirant lo Blanc. Alusivos al héroe protagonista, esos títulos recuerdan los de los poemas épicos, de los que provienen los libros de caballerías –La Eneida, el Cantar de mio Cid y La Chanson de Roland.

Por lo tanto, cuando Cervantes toma la pluma para continuar su atractiva y prometedora historia tiene que improvisar, inventársela sobre la marcha, como hace el hidalgo mismo al transformarse en don Quijote y conducirse según las exigencias de su nueva identidad y vida –encontrar y remozar una vieja armadura, arreglar la celada que ha confeccionado tras haberla destruido de un demoledor golpe de prueba, crearse un nombre y otros para su dama y caballo.

El carácter improvisado de esta continuación figura pronto en el relato mismo de manera autorreflexiva, cuando, al final del capítulo ocho, con don Quijote y el vizcaíno trabados en feroz combate, el narrador de pronto anuncia que se le ha acabado el texto que transcribe y pasa a explicar cómo, por puro azar, da con el resto de la historia:

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Comentarios (1)

Mostrando 1 comentarios.

Estimado profesor. Me gustaría hacerle partícipe de la teoría desarrollada por,i padre sobre El Quijote, muy en la línea de esta teoría suya de que no fue escrita como novela. Mi padre, aunque abogado, fue un investigador infatigable del Campo de Montiel y de Cervantes y Quevedo, por haber nacido en Fuenllana, cuna de Sto. Tomás de Villanueva ysegún la teoría de mi padre lugar de celebración de Las bodas de Camacho. Aunque fallecióen el2000, debido a su proceso dedemenciasenil e incluso a idea onocimientode lo que descubrió,voy poco a poco ordenando sus,ultiples documentos.
Mi padre fue amigo de Lorcaymiembro de La Barraca cuando enas contaba los 16 años y mi tío fue discípulo de Ortega siendo muchas las publicaciones que sobré él e ostenta en el mercado.
Mi padre fue Edmundo Rodríguez Huescar ymitioAntonio Rodríguez Huescar. Mi nombre es Asunción Rodríguez Sobrino y correo arsobrino2002@hotmail.com
Reciba un cordial saludo

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