¡Qué gran idea la de llevar a la solidaria izquierda internacional de gira por La Habana! Cuando me lo contaron los imaginé recorriendo la ciudad en ruinas, en la que abundan montones de basura en las esquinas y viejos hurgando en ellas en busca de un poco de comida. Los imaginé en las noches cantando trova cubana iluminados por las velas a falta de electricidad. La brigada solidaria, pensé, entrevistará a los disidentes, se plantará frente al Capitolio a exigir la liberación de los 1,200 presos políticos que se atrevieron a pedir libertad.
Tal vez por eso me sorprendí tanto al verlos muy contentos en un bus eléctrico visitando escenarios potemkin (escenografías para impedirles ver el derrumbe de La Habana vieja.) No se entrevistaron con ningún disidente sino con Mariela Castro, hija de Raúl y sobrina de Fidel. En lugar de hacer la crónica de un pueblo en crisis los llevaron a un auditorio para ovacionar al dictador Díaz-Canel. Un viaje inútil. Pablo Iglesias, desde una confortable suite, pudo reportar que la situación no estaba tan mal. Que los cubanos han sobrevivido antes a peores crisis. No lo dijo Iglesias pero seguro pensaba en el “periodo especial”, justo después del desplome de la Unión Soviética. Un momento difícil. Las ingenieras cubanas, las doctoras cubanas, las maestras cubanas tuvieron que salir a prostituirse, se volvieron “jineteras”. Parece una broma cruel, pero Fidel presumía entonces: “nuestras prostitutas son las más preparadas del mundo”.
¿Para qué llevaron a esos camaradas solidarios a La Habana? Para mentir a sus audiencias. Para hacer propaganda. No falta mucho para que veamos a Fernández Noroña gritar y gesticular en La bodeguita del medio. Cuento las horas para ver llegar a Epigmenio Ibarra cámara al hombro en busca de tomas favorables a la dictadura. No sería raro ver a Andy, de capa caída luego de la humillante derrota de la reforma electoral, cenando cangrejos moros y langostas en compañía de la alta cúpula del Partido, en representación de su papá.
El contingente solidario transmitirá a sus audiencias locales, los infaltables tontos útiles, que Cuba sigue de pie, ¡Patria o muerte!, que es necesario “romper el cerco energético”. Luego de vitorear al dictador abordarán de nueva cuenta el bus eléctrico que los llevará a su hotel, con aire acondicionado, internet, buena mesa y agua fría. Y para llevarse un buen recuerdo solidario quizá alquilen por la noche la compañía de jineteros y jineteras (ingenieras, doctores, maestras) que de primera mano les cuenten cómo viven, y de paso otras cositas, sumamente revolucionarias. ~