Hola, Bárbara
Siempre que llego a Aragón y veo los campos me acuerdo de una frase de María José Hasta de su libro Se te oscurece el pelo en la que dice que Aragón es amarillo. Creo que está en el mismo cuento que una de las frases que más me han hecho reír sin motivo: “Tu mejor amiga va a perder la virginidad con uno de la residencia que es de Maella”. La foto la hice por la mañana, ya estamos en el agro, en Teruel, y hemos salido a correr. Luego, por la noche, he visto por fin La Quimera. Primero estábamos solas mi hija mayor y yo, a mitad de la película han llegado sus hermanos y el gato se ha revolucionado, y los niños querían ponerse todos a mi lado y había que parar la película cada poco por los motivos más dispares. Ha habido un poco de crisis y luego se ha pasado. La crisis ha coincidido con el momento de mayor agitación en la película, cuando encuentran la estatua y todo eso. El caso es que una de las chicas, Italia, me recordaba mucho a María José Hasta. Y luego cuando acaba la película y suena la canción de Battiato he notado cómo se me abría un poco el pecho. O sea, que me ha encantado.
Antes de llegar a Teruel, pasamos casi un día en Garrapinillos, en la casa de mis padres. Los niños se bañaron en la piscina, que ahora es de agua salada y flotas más, y comieron higos como locos. Mamá, no me puedo resistir a comerme este, me dijo mi hija pequeña. Era el sexto que se comía. La verdad es que estaban buenísimos. También recogieron tomates. Mi sobrinilla se llevó peras y sentada en el coche decía que se iba a Huesca como quien está a punto de empezar una larga expedición.
Me puse triste porque habría querido quedarme con mi madre, pero me consuela que le he enseñado una canción gamberra que le encanta. Es de las Shego, se llama “Oh boi” y nuestra parte favorita es una macarrada: “Oh, boi, lo siento de verdad / pero si tanto te duele / que tu puta madre te consuele / a mí por fa déjame en paz”. Si vieras cómo se le abrieron los ojillos a mi madre al llegar ahí, como si hubiera encontrado un alma gemela.
Un beso!
A

Hola, Aloma, cuántas cosas.
Lo primero, qué bonita foto la del campo segado. De aquí saldría otra prospección terminológica, porque los fardos esos de paja seca sin duda tienen muchos nombres según la zona. Pacas (al menos cuando son cúbicos, pero no sé si también cuando son cilíndricos), pero también balas, rulos… Mil nombres. Qué bonita foto, con las pacas tan secas y doradas, detenidas en mitad de la pendiente como a la palmada de un niño mágico.
Te mando un poema de Aurora, una niña de dos años con la que he estado estos días: “En el cielo nocturno hay una cajita de la noche. Dentro de la caja hay una ropita para las niñas”.
La foto también me hace pensar en el olor delicioso del campo en verano. Al borde del mar, un día que hizo mucho sol, me llegó el olor a duna caliente, que es para mí uno de los olores más deliciosos, cuando en la duna hay plantas como el hinojo. Cuando dices que la maravillosa La quimera te abrió el pecho, es esa sensación la que me provocó esa ráfaga caliente, también como estando en un cruce de caminos de distintos tiempos.
Más tarde llegó una plaga de algas rojas que cubrieron totalmente una de las pequeñas playas, a la que ya no se podía bajar, y que lo inundaron todo de su olor picante, intenso y persistente, ya desagradable. Pero ya me he ido.
A las Shego no las conozco, y eso que riman con espliego. No conozco a la banda. Pero la escena madre-hija sí que la conozco, pena por separarse incluida. El disco que veníamos oyendo mientras nos alejábamos de las algas es Máximo, de La Estrella de David (“claro que me doy cuenta / de que se me ha ido la juventud / y de que se me va a ir la vejez / haciendo el tonto”, aquí hemos bajado el volumen para no molestar a unas vacas). Al bajarnos del coche ha pasado una cosa rara que te contaré más adelante.
Abrazos,
Bárbara

Qué bueno el poema de Aurora, podría ser una canción de Sergio Algora y su grupo El niño gusano (“Hay luz en la casa / del fabricante de alas de mariposa…”).
Quizá las vacas querían saber cómo sigue la canción de La Estrella de David, qué más se nos va a ir sin darnos cuenta haciendo el tonto: el verano, las tardes de tormenta, las noches en las que corre el fresco, por fin, el otoño pesado, los mejores y los peores años de nuestra vida… ¿hay alguna manera mejor de pasar la vida, que así sin darnos cuenta y haciendo un poco el tonto? Bah, yo qué sé.
Leyéndote lo de la duna pensaba en la dune dû Pilat, que es la única (creo) en al que he estado, en Arcachon que justo aparece en uno de los cuentos de Harold Brodkey que ha recuperado H&O editorial con traducción de Enrique Murillo. Antes de leer tu postal leí lo de Brodkey y marqué la página porque me hizo pensar en ti. El protagonista del cuento y su amigo viajan por Europa, al llegar a Arcachon se tumban en la playa, y el amigo dice “Una playa es una playa”. El protagonista, que también es el narrador, sigue: “La playa se abría en una ancha curva desde donde nos encontrábamos nosotros hasta una zona de dunas, al sur”.
¿Dónde estás ahora? Yo quiero montar alguna excursioncilla familiar, hay varias opciones, algunas incluyen pozas de agua fríisima, también quiero visitar Cantavieja, uno de los pueblos donde mi madre trabajó un par de veranos y donde fui una niña feliz.
En fin, seguiría pero quiero que cuentes la cosa rara que pasó al bajaros del coche…
P.D.: el domingo me llegan unos rotuladores que he comprado para dibujarte alguna postalilla…
Estoy en un codo del viaje, en casa antes de volver a salir. Me gusta que me hables del libro de Brodkey porque quería leerlo pero se me había olvidado. Mira qué casualidad con los libros: mi amiga Gara me mandó ayer un pantallazo con un párrafo y cuando le pregunté de qué libro era me mandó la cubierta del libro de Toews. Sin haber leído estas postales, claro.
No sé si habrás notado que la frecuencia de las casualidades se ha acelerado. Me pregunto si va a darse alguna casualidad con el cuaderno de actividades de la red nacional de teleclubs y la autobiografía de Danny que me mandas en tu bonito bodegón.
Mañana salimos de viaje otra vez y te iré contando qué vemos.
Besos
Bárbara

¡Qué manera de no contarme la cosa rara!
Te pones anguilosa…
¿Compraste algo? ¿Una tacita gallega, sin plato, por dos euros?
Espero tus aventuras…
Buen viaje y un beso