La solicitud de Estados Unidos para detener y extraditar a Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, abrió un poliedro político: tiene una cara penal, una diplomática y una jurídica, pero también una cara territorial que involucra a Sinaloa, a Palacio Nacional, a Morena y a Washington. En ese poliedro, la presidenta Claudia Sheinbaum eligió ocupar el centro como figura moral agraviada. Su maniobra es astuta: transformar el escándalo de un gobernador manchado por la sospecha de haber protegido a narcotraficantes en una conversación sobre la dignidad personal de la mandataria.
El giro no es menor, es inteligente para la imagen interna de Morena pero es muy peligroso para el gobierno federal. Que no se olvide que aunque Sheinbaum es líder y soldado del partido, su rol más importante es el de encabezar el gobierno mexicano. Al reabsorber la contaminación que persigue al sinaloense Rocha, reordena las emociones disponibles y desvía la crítica. Los dardos ya no apuntan al gobernador de Sinaloa ni a las zonas podridas de Morena, sino a los conservadores enamorados del Imperio de Maximiliano, a los mexicanos “traidores” o a quienes supuestamente desean una invasión estadounidense o añoran la colonia española. Por supuesto, no hay maximilianistas ni traidores, pero ese mensaje redirige al público mexicano y limpia la imagen de un partido que tiene, por decir lo menos, demasiadas piezas agusanadas. Que la presidenta se asuma como la valiente mexicana que no dará su brazo a torcer ante los dictados del imperio mueve a orgullo nacional y si estábamos hablando de narcotráfico incrustado en el sistema político mexicano, el mensaje es claro: cambiemos de tema.
Sin duda, el capital político de la presidenta es un súper poder absorbente. Puede salvar a Rocha poniendo sus propias cualidades personales por delante. La serenidad y lo que llama su amor por México son un manto protector para el gobernador con licencia, para los nueve funcionarios acusados y para todos los que en Morena estén bajo sospecha. Esta es una jugada impecable para su partido, como dije, pero peligrosa para el gobierno.
¿Por qué? Por lo del poliedro. La petición de Estados Unidos no es un mensaje aislado por un presunto culpable. De hecho, Rocha tiene razón: esto va mucho más allá de él. Se inserta en una estrategia de seguridad nacional estadounidense que sí es injerencista y que se está construyendo los argumentos para dejar de pedir por escrito una extradición y pasar a imponer condiciones por otras vías.
Ante sus seguidores y ante buena parte del público mexicano, Sheinbaum inflama el discurso soberanista, pero ese mensaje 1) es contraproducente hacia el gobierno con el que México comparte frontera, tratado comercial y tratado de extradición y 2) complica las otras caras del poliedro: los equilibrios perdidos para la gobernanza en Sinaloa, la renegociación comercial, el rol cada vez más delicado del Ejército mexicano y, sobre todo, el creciente poder de los cárteles para influir en decisiones de la vida pública.
Sheinbaum da motivos a Washington para usar a México como excusa electoral, dificulta los acuerdos comerciales y eleva el costo que paga nuestro país por la agenda anti inmigrante estadounidense. Además, aunque no sea su intención, envía señales ambiguas que los cárteles pueden leer como protección política y, aunque parezca broma, coloca al Ejército mexicano en una alerta defensiva.
El sacrificio de la reina es peligroso: es la pieza más poderosa que se expone creyendo salvar una posición más amplia (la del rey). ¿Pero está viendo todo el tablero? ¿Ese en el que el poder criminal es una fuerza capaz de condicionar territorios? ¿Ese en el que Estados Unidos es varios adversarios al mismo tiempo?
Por supuesto que Sheinbaum tiene dignidad y además sabe ponerla en escena, pero debe cuidar todas las caras del poliedro y llamar al narco por su nombre sin convertirlo todo en una ofensa a la patria. ~
Pd. El secretario de seguridad, Omar García Harfuch no tenía “indicios” para investigar a un gobernador acusado en tribunales de usar la fuerza del crimen organizado para ganar la elección; evidenciado por la Fiscalía General de la República porque la fiscalía de su estado fabricó un video de asesinato, y señalado por Ismael Zambada como invitado a la reunión en la que sustrajeron al famoso narcotraficante. Por no mencionar que era el gobernador del estado sin ley desde esa sustracción. Pero García Harfuch no tenía indicios.