En este nuevo episodio de nos acompaña Ángel Rivero, profesor de teoría política de la Universidad Autónoma de Madrid. Junto a él nos adentramos en la fascinante y paradójica vida de Benjamin Constant: un hombre de moralidad laxa pero firme defensor de la ley moral, romántico, ludópata y autor de grandes obras autobiográficas como “Adolphe”.
Más allá de sus contradicciones personales, exploramos su vigencia como teórico político y su lucidez para desarmar los mecanismos del populismo antes incluso de que este concepto existiera. Analizamos su célebre distinción entre la “libertad de los antiguos” y la “libertad de los modernos”, su incansable defensa de la libertad de expresión como límite al despotismo, el papel de la monarquía parlamentaria como un poder neutro estabilizador, y la sorprendente huella que dejó su obra en la España del Trienio Liberal.
[Aquí una transcripción editada de la conversación.]
DANIEL GASCÓN: Muy buenas. Bienvenidos a El salón de Gascón en Letras Libres España. Hoy tenemos con nosotros al profesor de teoría política de la Universidad Autónoma de Madrid, Ángel Rivero, que además es escritor y ensayista, ha editado las obras de Isaiah Berlin y también del autor del que vamos a hablar hoy, que es Benjamin Constant. Muchas gracias por estar con nosotros.
ÁNGEL RIVERO: Gracias a vosotros por la invitación.
DANIEL GASCÓN: La pregunta, porque cuando estábamos organizando esto te pregunté de qué podíamos hablar, tú me dijiste que uno de los temas interesantes era Constant. ¿Por qué te parecía que era adecuado?
ÁNGEL RIVERO: Porque tiene la ventaja frente a otros clásicos de que no exige estudio a los lectores, porque habla en un lenguaje muy directo y muy transparente con preocupaciones que todavía son las de los modernos. Él se dirige a los modernos, y yo creo que nosotros somos también modernos. Y eso lo hace fácil, lo hace relevante, y no es un ejercicio historiográfico, sino que nos da claves sobre nuestro propio presente.
DANIEL GASCÓN: Todavía somos modernos, ¿no?
ÁNGEL RIVERO: Todavía somos modernos, claro, yo creo que es un tiempo de incertidumbre, y como estamos en la misma incertidumbre, porque los intentos de cerrar la modernidad no han conducido a ninguna parte, como ya sabía Constant, pues seguimos en lo mismo.
DANIEL GASCÓN: Es verdad que tiene una escritura que es muy moderna y que muy rápidamente la entiendes y puedes conectarla con fenómenos actuales, pero también tuvo una vida que es apasionante y que está llena de paradojas y de aventuras y de contradicciones. Si puedes darnos un bosquejo, porque además tú tienes una biografía de Constant.
ÁNGEL RIVERO: Sí. Como personaje romántico también eso lo hace atractivo, porque no es un héroe ni nada parecido, es más bien un antihéroe, y él es el principal divulgador de sus propios defectos y sus vicios. Y eso hace que genere una cierta atracción morbosa leer sus confesiones. Es un ser un poco atormentado que vive una libertad como ruptura con cualquier compromiso, particularmente en la parte afectiva, y eso yo creo que es interesante, pero al mismo tiempo lo confiesa con culpa y con una búsqueda de felicidad interesante. Yo creo que eso hace que sea muy moderno en el sentido de que el ejercicio de la libertad señala que tiene un precio sobresaliente, y que la felicidad no es algo que se conquiste a través de ese ejercicio.
DANIEL GASCÓN: En este libro que se llama El cuaderno rojo, que es una especie de autobiografía de juventud, Manuel Arranz hace el prólogo y cita una descripción de Émile Faguet que lo describe: “Un liberal que no es optimista, un escéptico dogmático, un hombre sin ningún sentimiento religioso que se pasa la vida escribiendo sobre la religión, un hombre de moralidad muy laxa que basa todo su sistema político en el respeto a la ley moral, y además un hombre de una maravillosa rectitud de pensamiento y una conducta más que dudosa. Nunca supo lo que quería, pero siempre supo lo que pensaba”.
ÁNGEL RIVERO: Quizá habría que matizar alguna de las afirmaciones, pero sí, estas contradicciones le definen muy bien. Sus relaciones afectivas son siempre problemáticas porque todos sus textos literarios son textos autobiográficos.
DANIEL GASCÓN: Están Adolphe y Cécile, dos novelas.
ÁNGEL RIVERO: Adolphe es una novela; Cécile realmente es una autobiografía ficcionada donde se cambian los nombres. Es la historia de su primer matrimonio, su segundo matrimonio. Después El cuaderno rojo es su biografía desde su temprana edad, que ya se torció desde el inicio.
DANIEL GASCÓN: Él nace en 1767 y su madre muere, ¿no?
ÁNGEL RIVERO: Su madre muere dos semanas después de nacer él, a consecuencia del parto. Su padre es un oficial de un regimiento suizo a las órdenes de Holanda que va de un sitio para otro, y le encomienda primero a su abuela, después a una amante de su padre; después, con 5 años, tiene su primer preceptor y va moviéndose de un sitio para otro. Y eso hace que tenga un poco averiadas sus relaciones afectivas, lo cual creo que marca su vida en buena medida. Tiene problemas afectivos con su padre, son dos personas que se quieren pero no saben comunicarse. Y tiene problemas afectivos con una larguísima lista de mujeres, donde no queriendo hacer daño, y porque es algo pusilánime en su conducta, acaba generando estropicios enormes.
DANIEL GASCÓN: En el libro es muy curioso cómo va pasando por una serie de preceptores y cómo los van despidiendo por una cosa u otra todos. Y luego eso que cuentas del que acaba causando más problemas por no decir las cosas a tiempo es Adolphe. Adolphe es una novela que habla de la modernidad porque también habla de la insatisfacción: alguien que consigue lo que quería y luego cuando lo ha conseguido ya no está tan contento.
ÁNGEL RIVERO: Sí, yo creo que esa es la parte digamos fea que él mismo confiesa. La idea de que en el cortejo amoroso hay un entusiasmo y una pasión que, una vez que se ve coronada, produce insatisfacción y abandono, y entonces viene la culpa, el dolor hacia los otros. Y ese es el tema de Adolphe: un empeño amoroso que, una vez que se corona con éxito, produce el desinterés y acaba en tragedia. No sé qué pensará el lector moderno de todo esto. Yo creo que hay mucha verdad sobre los sentimientos. Es verdad que están proyectados sobre un tiempo distinto, que es el de finales del siglo XVIII y principios del XIX, donde el romanticismo y la vida romántica lo llenan todo de unas pasiones que ahora nos pueden parecer un poco excesivas.
DANIEL GASCÓN: Sí, y con papeles de género distintos. Pero casi asoma Stendhal, casi estás llegando a ese mundo, porque también ese temperamento es heredero de la Ilustración y del Romanticismo al mismo tiempo.
ÁNGEL RIVERO: Efectivamente, y con unos papeles de género muy marcados y unas diferencias muy grandes. De hecho, la única mujer que aparece allí muy asertiva, que es Madame de Staël, él la describe como una mujer hombre, prácticamente. Hay una cosa interesante en cómo son los papeles que tiene cada cual, y el hecho mismo de que las mujeres que se enamoran de Constant, o de sus personajes, siempre son mujeres que acaban en la sumisión absoluta. Eso es tremendo.
DANIEL GASCÓN: Y suelen ser además un poco mayores que él.
ÁNGEL RIVERO: A veces son mayores que él, pero ahí también aparece la mujer experimentada, ocupa un lugar importante en sus amoríos.
DANIEL GASCÓN: Hemos hablado de su vida y sus ligoteos, que son también muy importantes, como la ludopatía, que que marca la relación con el padre porque siempre está con deudas pidiéndole dinero. Pero lo esencial de él es como teórico político.
ÁNGEL RIVERO: Yo creo que sí. Como novelista tiene esto. Me da curiosidad saber cómo recibe el público contemporáneo sus novelas. Yo creo que bien, porque los sentimientos, sus afectos y las experiencias que cuenta son parte también de nuestra propia experiencia, y en ese sentido yo creo que tienen contemporaneidad.
La ludopatía me parece importantísima, porque es verdad que él se inicia, por supuesto, por culpa de sus malos preceptores, ya en la temprana infancia, y hasta el último día de su vida se la pasa jugando y perdiendo. Y eso también yo creo que es un rasgo moderno, porque él busca situarse en el abismo, esa libertad. Recuerdo un poco a Hannah Arendt, esa idea de la posibilidad del comienzo nuevo, la idea de la etapa constituyente como más importante que la gestión política una vez que está el poder constituido. Yo creo que en Constant paradójicamente existe esta idea a través del juego. El juego lo pone todo al borde del abismo y puede significar la desaparición o el renacimiento. Y yo creo que él busca con el juego satisfacer esa pasión, no es por ganar dinero, sino sencillamente por colocarse al límite.
Y curiosamente su vocación política es bastante distinta: es más bien integradora y estabilizadora. Es verdad que de joven siente cierta pasión por la Revolución Francesa, y en el último periodo revolucionario, el periodo termidoriano, intenta participar en política con poco éxito. Pero la política en la que él se desarrolla como teórico es la política de la Restauración, y en eso busca ser conservador de alguna manera. Busca un orden político que no genere incertidumbre, sino que genere inclusión y estabilidad.
DANIEL GASCÓN: Y es un pensamiento político que nace mucho de lo que ha visto y vivido.
ÁNGEL RIVERO: Hay una parte que yo creo que es muy importante de experiencia, porque en su periodo formativo hay una cosa bien interesante: es un cosmopolita, como has hecho alguna referencia en la presentación. Es verdad que nace en Lausana, en Suiza, que curiosamente está bajo el dominio de Berna, con lo cual la afinidad con su propio cantón es más bien difusa. Es miembro de una familia de hugonotes protestantes exiliados en Suiza, de lejana estirpe. Y eso también es importante. En total, es una persona que no está completamente integrada en su medio y que participa de una historia familiar de exilio y de separación. Y yo creo que eso señala también esta búsqueda de estabilidad que aparece en el terreno político. De joven viaja por todos los países de Europa occidental: Alemania particularmente, Gran Bretaña, Francia. Estudia en Edimburgo, una cosa en su plano formativo muy importante, porque allí estudia la Ilustración escocesa, y eso hace que haya un vínculo, como señalabas, entre su experiencia, en la que conoce lo que está pasando en Europa, conoce lo que son los estados alemanes, conoce casi directamente la Revolución Francesa desde la Suiza francesa a través de los exiliados y también a través de los medios de comunicación de la época. Y en Escocia hay un vínculo entre una Ilustración que es empirista, a diferencia de la francesa, y su propia experiencia en sus viajes y en lo que él conoce directamente, que lo integra y convierte en una forma de saber político. Yo creo que eso es muy importante también en su propia experiencia, en sus intentos políticos, porque él fracasa al acercarse al primer Napoleón y después tiene que partir al exilio, en buena medida también acompañando a Madame de Staël. Pero muy rápidamente se da cuenta de que Napoleón es un autócrata plebiscitario, y por lo tanto la idea constitucional de un mecanismo que someta al poder de tal manera que lo modere se le hace muy próxima, como ocurre en Gran Bretaña, que es un sistema organizado a través de una soberanía compartida entre el Parlamento y el Rey, lo que significa la limitación del poder político. Y él dice que cuando va a Inglaterra siente la libertad. Va de joven, digamos, mochilero, porque se va por Inglaterra con un caballo y unos perros, una especie de perroflauta de la época, y descubre que allí no hay ningún problema, que puedes ir de una aldea a otra y nadie te va a molestar, nadie te va a interrumpir. Descubre que la libertad en Inglaterra es real. También la descubre a través de su sistema político. La experiencia es muy importante en su formación, pero también hay una parte formativa que tiene que ver con conocer las instituciones inglesas y conocer también el pensamiento de esa Ilustración escocesa, que yo creo que va a tener mucha influencia, aunque no aparece explícitamente mencionada en su obra.
DANIEL GASCÓN: Y ahí mencionabas la idea que es la base del liberalismo: la limitación del poder, que está muy presente en su obra, porque por ejemplo la soberanía también es limitada, y la ilimitación es despotismo.
ÁNGEL RIVERO: Claro. Hay un momento que es muy paradójico, porque a Constant le llamaban “el inconstante”. Era inconstante en sus relaciones amorosas, era inconstante en las empresas que emprendía. Pero políticamente, aunque cambia de opinión muchas veces, porque primero es partidario de la República y después se define como defensor de un orden que puede llamarse netamente liberal, en el momento de la Restauración es uno de los líderes del Partido Liberal, que era un partido heterogéneo, pero en su caso aparece claramente el liberalismo como la idea de unos derechos reconocidos que señalan límites al poder político.
Y aunque él es un gran admirador de la pluma de Rousseau, en los Principios de política que publica en 1815, en el momento de los Cien Días, la vuelta de Napoleón, aparece la idea de soberanía, pero una soberanía peculiar, porque es una soberanía que no es del todo soberana, una soberanía que encuentra limitaciones. Es una especie de oxímoron. Y él juega con eso. Dice que todo poder que se reconoce como legítimo por aquellos que son sus súbditos es expresión de una voluntad general y por lo tanto tiene derecho a ser soberano, pero esa soberanía encuentra unos límites que son los derechos individuales. Eso le convierte netamente en liberal. Tiene una especie de concesión pequeña a Rousseau en la legitimidad del poder político, pero esa legitimidad va asociada siempre a la idea de unos límites que son la libertad individual, que es la libertad propiamente moderna.
DANIEL GASCÓN: Me hacía mucha gracia: son dos suizos discutiendo, separados en el tiempo.
ÁNGEL RIVERO: Uno de Ginebra, otro de Lausana, uno nacido más cosmopolita y otro un poco más provinciano, pero los dos calvinistas. Hay una conexión.
DANIEL GASCÓN: Y en cierta manera también por esa idea que lo hace liberal, es casi como el antipopulista antes del populismo.
ÁNGEL RIVERO: Claro, efectivamente. Creo que hay una línea, y a Constant hay que ponerle en el universo del liberalismo francés. Y ese liberalismo es siempre anglófilo, que empieza con Montesquieu y su fascinación por el sistema constitucional británico de la Revolución Gloriosa. En Constant hay una adoración por Inglaterra, pero también la idea de que cada país tiene que organizar las cosas a su manera. Eso yo creo que es muy importante. Pero forma parte de esta línea del pensamiento liberal francés que después se encuentra continuidad en Tocqueville. Y Tocqueville cuenta algo que es interesante: el liberalismo nace junto también a otra doctrina, que es el soberanismo. Esas dos cosas ocurren al mismo tiempo, más o menos en el tiempo de la Ilustración. Y Constant dice que hay una fuente de la que emanan estos dos ríos, y esos dos ríos yo creo que están todavía con nosotros: la idea de que la democracia es un mecanismo de protección de la libertad individual y de búsqueda de concordia a través del acuerdo, de instituciones que busquen el acuerdo entre aquellos que son distintos; y la otra cosa que señalabas tú en relación a Rousseau, que la democracia es la expresión de una voluntad colectiva.
Para Constant esto nos lleva a su conferencia de 1819 sobre la libertad de los antiguos y los modernos. Allí Constant señala que la libertad entendida como un coto privado de soberanía individual corresponde a los modernos. A los modernos lo que nos gusta es que nos dejen en paz, que estemos tranquilamente en nuestra casa, disfrutar de nuestra libertad. Los antiguos, en cambio, llamaban libertad al ejercicio colectivo de la soberanía, y ese ejercicio colectivo iba dirigido a determinar todas las esferas de la vida, también la vida privada.
Entonces él hace ahí algo un poco retórico, porque Constant se lee muy bien y se lee muy claro, pero también porque tiene esa vocación de comunicación. Casi todas sus obras fueron escritas como escritos de intervención política inmediata, buscaban ser claros y buscaban ser eficaces. Y eso hace que hoy en el presente sigan funcionando de alguna manera. No son textos académicos, sino que en su origen fueron más bien panfletos de cierta calidad, porque detrás tienen mucho conocimiento.
Retóricamente señala que, como estamos en la modernidad avanzada, en la edad contemporánea, lo moderno es la defensa de esta libertad que se disfruta, y lo antiguo es el ejercicio de un poder colectivo que nos oprime en el terreno privado. Y Tocqueville decía que esto lo tenemos en el presente.
Por contestar a lo que decías del populismo. El populismo, en el nombre del pueblo, de una voluntad colectiva, se dedica a agostar la libertad individual y a acabar con todos aquellos instrumentos que son protección de la libertad individual: el estado de derecho, la Constitución, todo aquello que limita el poder político, la crítica en la opinión pública. Los populistas van contra todo esto, que ellos califican de instituciones contramayoritarias, porque van en contra de una mayoría que ellos quieren representar y que consideran legítima para intervenir en todos los aspectos de la vida de las personas. Y Constant es justamente el defensor de todo lo contrario: hay que poner límites al poder porque si no el poder se extiende y lo ocupa todo.
DANIEL GASCÓN: Tu edición es muy buena y el prólogo es muy interesante. Y una de las cosas que dice Constant es que la libertad de los antiguos, que reproducen los populistas, es la participación política, pero luego el colectivo te puede aplastar como quiera. O sea, ni siquiera en cuestiona; se valora la posibilidad de que te aplaste como algo natural.
ÁNGEL RIVERO: Esto es un poco Rousseau: obedecer a la voluntad general es ser libre, porque tú te has comprometido, al ser miembro de un colectivo, a aceptar esa voluntad como la tuya propia. Con lo cual, si algún día quieres discrepar te van a ayudar a ser libre porque te van a obligar a obedecer esa voluntad colectiva.
DANIEL GASCÓN: Y esto recuerda también a la libertad positiva y la libertad negativa de Berlin.
ÁNGEL RIVERO: Es verdad que hay un paralelismo, y es verdad que Berlin, porque yo empecé a leer a Constant precisamente porque era mencionado por Berlin en su conferencia de 1958, ponía sus cuatro campeones, que resultaron ser Constant, Tocqueville, Locke y Mill, me parece.
DANIEL GASCÓN: En algún sitio dice “he descubierto a este francés, que es suizo, pero que es mejor que Mill”.
ÁNGEL RIVERO: Exacto, es una carta, donde está entusiasmado porque ha descubierto a Constant y ha dicho Constant es muy claro y muy transparente, y eso es parecido a Berlin. Y es verdad que hay una conexión entre la libertad de los modernos y la libertad negativa, donde ser libre se define negativamente por la ausencia de intervención: cuanto menos intervención hay, tu espacio de libertad personal es mayor, y eso se puede cuantificar como mayor libertad. Eso sintoniza mucho con el uso destructivo que hacía de su propia libertad el propio Constant, porque él en algún momento dice que ser libre es tener derecho a tu propiedad, incluso para desbaratarla, cosa que él hizo…
DANIEL GASCÓN: ¡Siempre que pudo!
ÁNGEL RIVERO: Siempre que pudo, efectivamente. Que nadie salga a socorrerte. Ser libre es que tengas también la posibilidad de hacer cosas que pueden ser incluso en contra de tu propio interés.
La libertad positiva es diferente: tiene que ver con la capacidad de ser uno el amo, el autor de determinadas cosas. Y cuando esa libertad positiva en la terminología de Berlin adopta una dimensión colectiva, entonces se parece bastante a la libertad de los antiguos y a la libertad populista, de aquellos que hablan en el nombre del pueblo y que de esa manera hacen apelación a una legitimidad que es superior a cualquier otra.
DANIEL GASCÓN: Una de las cosas que también dices en el prólogo es la caricatura que se hace muchas veces, o la visión del liberalismo como una doctrina económica ante todo, donde lo que importa es proteger la propiedad y de ahí protegemos lo demás. Y tú dices que alguien que representa una visión muy distinta a eso es Constant.
ÁNGEL RIVERO: Efectivamente. Yo creo que en esa conferencia Constant tiene una salvaguarda importante. La doctrina económica liberal tiene un debate sobre si es liberal o es libertaria. Es verdad que la propiedad constituye uno de los derechos prepolíticos que debe proteger una sociedad bien organizada para cualquier liberal. Pero también aparece la idea de que para proteger esa propiedad, dado que vivimos en un espacio de escasez y no hay bienes infinitos para todo el mundo, hacen falta instituciones protectoras, y esas instituciones evidentemente se tienen que sufragar a través del esfuerzo individual. La idea de que pueda haber un sistema económico donde el Estado esté ausente no forma parte del universo liberal, porque lo que el liberal busca es un Estado que sea servidor de la protección de los derechos, no busca la desaparición del Estado, porque los liberales saben que sin Estado no hay derechos. El estado de naturaleza es un estado de violencia, de inseguridad en el disfrute de esos derechos prepolíticos. Para eso se crea el Estado en este argumento. Es una cosa importante que algunos parecen haber olvidado.
En Constant ha habido quien ha querido hacer una lectura también económica, porque en una de sus últimas obras, sobre Filangieri, hace referencias al valor del mercado, la propiedad y todo esto. Pero tiene que enmarcarse en la idea de un liberalismo político. Y el liberalismo como concepto aparece en el universo de la política, de los estados constitucionales, que son por definición aquellos que establecen una ley fundamental que señala limitaciones al poder político y que empiezan típicamente siempre por una declaración de derechos.
Después, y esto lo cuento también en el prólogo al escrito sobre la libertad de los antiguos y los modernos, hubo un momento, por una contingencia española de 1820, en el que lo que se llamaba una organización constitucional pasó a llamarse liberal. La palabra cambia, pero el significado es el mismo: constitucional significa gobierno limitado, y liberal significa también gobierno limitado.
DANIEL GASCÓN: Has sacado esa parte que es muy interesante: cuando la Constitución de Cádiz y el Trienio Liberal y la rebelión de Riego alientan una esperanza liberal en toda Europa y es cuando se exporta el término liberal, con ecos en Portugal inmediatamente, también en Italia.
ÁNGEL RIVERO: A mí ese me parece un momento muy importante y olvidado, donde España se convierte en el lugar desde el que se emite el liberalismo hacia el resto del mundo, por las circunstancias que habían propiciado el final de las guerras napoleónicas. Triunfa la reacción en toda Europa occidental, y en ese momento, donde triunfa la reacción, en España se organiza una revolución liberal. Yo creo que esto es también una tónica de España, donde siempre vamos a pie cambiado, donde siempre tenemos el régimen político incongruente con el que hay en Europa. Hay gente que le molesta el eslogan de Fraga, “España es diferente”. Yo creo que es un eslogan perfecto, no solamente porque señale cuál es lo valioso de España, que yo creo que es la diferencia, la diferencia es siempre valiosa, sino también porque señala esta tónica de siempre ir a contracorriente.
La revolución de Riego se convierte en un tiempo de esperanza para los liberales europeos, que en muchos casos están perseguidos y encuentran aquí su refugio. Y Constant también tiene un cierto entusiasmo por lo que está pasando en España, y de alguna manera se conecta. Eso explica que su Curso de política constitucional, que es una denominación bajo la que hay ediciones con contenidos distintos, porque Constant había reunido en 1815 todas sus obras políticas bajo ese epígrafe, sea traducido por un diputado del Trienio, Marcial Antonio López, aragonés, con el ánimo de apoyar la restauración de la Constitución española de 1812.
La cosa graciosa es que Constant había hecho una defensa del modelo bicameral: escribió una Constitución para Napoleón, las Actas Adicionales a las Constituciones del Imperio, y las justificó con un libro que se llama Principios de política. En ese libro aparece la cuestión de la soberanía, pero también la defensa de una monarquía bicameral, es decir, una monarquía constitucional a la inglesa, donde el Parlamento tiene su papel en una división de poderes en equilibrio. Eso es un principio conservador frente a la monarquía constitucional francesa de 1791, que es unicameral y por lo tanto no tiene una cámara moderadora.
DANIEL GASCÓN: Es más conservador porque tiene más contrapeso.
ÁNGEL RIVERO: Exactamente. Hace las cosas más integradoras, no señala un conflicto de soberanías entre el rey y la cámara, sino que al ser tres los que participan se enfatiza más la necesidad del acuerdo y hay más instrumentos de bloqueo. Lo que ocurre es que Marcial Antonio López intenta hacer lo imposible: conjugar la Constitución española del 12, que es heredera del modelo francés de 1791, con lo que había contado Constant en sus Principios de política, donde defiende un sistema bicameral a la inglesa. Hace sus apaños, lo cual es gracioso, pero la cosa importante es que publican tres volúmenes de escritos de Constant, entre otros también esta conferencia sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos, y eso abre una vía de influencia muy grande de Constant en el pensamiento y en el derecho político español, y también en el que después se va a producir en América Latina, porque esa revolución del 20 significa la consagración de las independencias en las repúblicas americanas. Ese Trienio paradójico de la historia española se convierte en un momento de influencia de Constant en España, de lectura de sus trabajos, de emisión también hacia las repúblicas americanas, y a la inversa, el modelo de revolución liberal español se exporta a otros países del mundo.
Es verdad que es un modelo de revolución a través del pronunciamiento, otro invento político español, que significa decir “viva la Constitución”, y ese acto de voz se convierte en un acto performativo porque trae de alguna manera libertad. Es replicado también ese mismo año de 1820 en Portugal, donde realizan también su primera revolución liberal, que va a dar lugar, con la Constitución de Cádiz como referencia, a unas constituyentes que al año siguiente van a hacer la primera Constitución liberal portuguesa, que va a tener también una historia convulsa porque es unicameral y que después va a ser modificada por una Constitución a la inglesa que va a perdurar mucho tiempo. Pero también en el Piamonte, también en Nápoles, en muchos sitios se grita “viva la Constitución española”. Con esa Constitución se realizan elecciones y se abren procesos constituyentes.
Todo eso acaba alarmando a la Santa Alianza y a los poderes conservadores europeos, que ven que en esa Constitución del 12 está sembrada la semilla del diablo, porque esos pensadores sostienen que una Constitución unicameral es la que explica la conversión de la monarquía constitucional francesa en república a través de la Convención Nacional. Y piensan que todos los países que han bebido de esa influencia van a acabar también convirtiéndose en repúblicas, acabando todo en un regicidio y en una nueva violencia que sacuda a Europa. Eso explica finalmente en el 23 la intervención de los cien mil hijos de San Luis, que termina con la conquista del castillo del Trocadero en Cádiz. Y yo siempre digo que me parece asombroso que, habiendo habido una alcaldesa gaditana en París, no hubieran en la plaza del Trocadero cambiado un poco, resignificado aquello, porque esa plaza celebra la destrucción del liberalismo español.
DANIEL GASCÓN: Parece que las sensibilidades poscoloniales van por barrios.
ÁNGEL RIVERO: Exacto.
DANIEL GASCÓN: Y la “reacción” nace ahí también.
ÁNGEL RIVERO: Supongo que no han reparado. Quizá los españoles tampoco lo saben. Los únicos que lo deben saber son los gaditanos, para quienes ese lugar significó el último sitio en el que estuvo viva la Constitución del 12.
DANIEL GASCÓN: Con esa vocación integradora que decías al principio, que era conservadora en cierta manera, recuerdo que en una conversación que teníamos me decías que a veces, en las antologías de pensadores políticos franceses, de izquierdas sale Constant y de derechas sale Constant. Entonces, ¿qué es?
ÁNGEL RIVERO: Eso demuestra que todo depende de dónde esté el centro, y ese centro se va moviendo de un sitio para otro en el tiempo de la vida política de Constant. Cuando consigue hacerse por primera vez diputado, en 1819, llevaba mucho tiempo persiguiéndolo, y tenía estos problemas de certificar su nacionalidad, que curiosamente se la rechazaban por parte de padre porque, como era de Artois, que había sido parte de los Países Bajos españoles, le decían que en todo caso era español por parte de padre. Pero por parte de madre le reconocen una afiliación como descendiente de los expulsados por motivos religiosos de Francia, y consigue la nacionalidad.
En ese tiempo, cuando es por primera vez diputado, lo que busca es integrar a los dos partidos de Francia: el partido de la revolución y el partido de la restauración de la monarquía. Y en ese contexto él representa la izquierda, porque la derecha son los ultras, aquellos que buscan restaurar en su plenitud la prerrogativa que tenía el rey antes de la revolución. Entonces, en ese tiempo es de izquierdas.
DANIEL GASCÓN: Lo que quieren es volver antes de la revolución.
ÁNGEL RIVERO: Lo que Constant llama la política reaccionaria, sobre la que escribe bastante y que desaconseja, se produce la paradoja de que la Restauración, con la Carta Constitucional de 1814, establece una monarquía a la inglesa, bicameral; pero la derecha ultra rechaza ese modelo por demasiado liberal y busca una restauración de la plenitud de la prerrogativa regia en su carácter absoluto. Se produce entonces la paradoja de que la Cámara de Diputados es la que presiona al rey: está intentando limitar al rey porque el rey es liberal y la cámara es absolutista. Lo cual da lugar a un progreso paradójico del parlamentarismo, porque están limitando el poder del rey una cámara que busca ampliarlo.
En aquel tiempo Constant es de izquierdas. Y también forma parte de algo contingente: los parlamentarios liberales se sientan en el lado izquierdo del parlamento y la derecha en el lado derecho. Eso tiene una tradición que tiene que ver con la espacialidad política y el valor que se concede a la izquierda y a la derecha desde los tiempos de la vieja monarquía.
Después, cuando aparece la cuestión social y el eje de la izquierda y la derecha se desplaza, en el sentido de que aparecen los partidos obreros socialistas que defienden una igualdad absoluta de resultados frente a aquellos que defienden una igualdad de derechos, de pronto Constant se ve colocado en la derecha. Y es verdad que la izquierda que aparece en torno a la cuestión social, los partidos obreros socialistas, nunca reivindicaron a Constant porque le veían como un aristócrata, como un miembro de la burguesía, como un miembro de una clase en ascenso que sería superada por otra clase que crearía un mundo nuevo. Era progresista en su tiempo, en el tiempo del Antiguo Régimen, pero retardatario frente al tiempo nuevo que era el de la construcción de la sociedad socialista. Curiosamente es verdad que Constant aparece en un sitio y aparece en otro, en la izquierda y en la derecha.
DANIEL GASCÓN: He leído hace poco un libro que ha sacado Ladera Norte, una historia de la libertad de expresión de Jacob Mchangama, y sale mucho Constant, como uno de los defensores más articulados de la libertad de expresión.
ÁNGEL RIVERO: Sí. Es verdad que habría que hacer una cuantificación de las cosas que él defiende, pero una de las que más defiende es justamente la libertad de expresión. La defiende en el tiempo de la República y la defiende también en el tiempo de la monarquía restaurada, porque él tiene la idea de que la libertad individual se sirve no únicamente a través de las instituciones políticas, sino a través de la crítica libre. Esa crítica libre, la opinión pública, es un freno muy importante a los intentos expansivos del poder. Para defender la modernidad de la libertad de expresión frente a unos y otros, la contrasta siempre con las repúblicas antiguas, donde existía la censura, la idea de una moral colectiva que debía ser protegida, y por lo tanto el control sobre aquello que se decía y se pensaba se hacía esencial. Pero lo moderno es justamente lo contrario: no tener ninguna moral colectiva.
El pobre Constant en eso andaba sufriendo con la libertad de los modernos, que no le proporcionaba felicidad. La única manera de embridar de alguna manera el poder es a través de la libertad de expresión. Dice incluso que es más importante la libertad de expresión que tener instituciones protectoras de la libertad de expresión, y que allí donde faltan los parlamentos como instrumento para controlar el poder del ejecutivo, la libertad de expresión puede realizar esa función. Es un verdadero adorador de la libertad de expresión.
DANIEL GASCÓN: Y también es muy interesante todo su estudio de la religión e incluso su visión de la libertad religiosa, que es lo que aparecía en el fragmento que hemos leído: alguien que dedicó tanto tiempo a investigar sobre eso. No sé si eso tiene también razones familiares de venir de una familia que llega de la persecución religiosa. Es un liberal bastante comprensivo con la religión en cierta manera. Dice “he leído al barón d’Holbach y qué burradas dice. Los entiendo a los ateos porque los perseguían, pero…”
ÁNGEL RIVERO: Efectivamente, él no tiene una visión negativa de la religión. Supongo que también porque entiende que el hombre moderno de alguna manera necesita algún asidero. Es verdad que él tiene algunos episodios religiosos y se mete en una secta pietista que se llamaba las Almas Inmortales o algo así. Tiene algunas recaídas donde la religión se le convierte en una tabla de salvación cuando ha destruido todos los afectos y todos los apoyos que encuentra en su vida, cuando se siente más desesperado.
Es verdad que también, y esto también es una cosa muy propia del liberalismo francés, hay un componente en la idea de la persecución religiosa, y cuando Constant enumera cuáles son las libertades de los modernos, siempre señala la libertad de culto como una de las libertades que para cualquier moderno es esencial.
Como también es pragmático, hay una cosa interesante en relación a Marcial Antonio López, nuestro diputado aragonés. Cuando traduce todo aquello, la Constitución del 12 señala como única religión la católica porque es la única existente en España, y algunos pueden entender eso en el sentido dogmático. Antonio López quita todos los principios de libertad religiosa. Al traducir los Principios de política dentro del Curso de política constitucional, cuando llega a la cuestión de la libertad religiosa que aparece en los textos originales de Constant, dice: “Esto no aplica. Esto tiene sentido en Francia, donde hay varias religiones, pero donde no hay nada más que una religión, ¿qué necesidad tenemos de poner esto?”
DANIEL GASCÓN: Es un poco la libertad de los antiguos: todos somos católicos.
ÁNGEL RIVERO: Y es verdad que el liberalismo español tampoco podía buscarse tantos enemigos, y que por otra parte no hubo guerras de religión en España y que el conflicto religioso no alcanzó la dimensión que tuvo en Francia.
DANIEL GASCÓN: Y dices en el principio de tu biografía, que es más bien un ensayo biográfico, que alguien que tuvo toda esa influencia en España, que hemos comentado, sin embargo no había tenido tantos ensayos, sobre todo desde la teoría política.
ÁNGEL RIVERO: Constant sí ha sido muy atendido como literato, porque ha estado siempre vivo como obra.
DANIEL GASCÓN: Acaban de reeditar sus libros en Periférica otra vez.
ÁNGEL RIVERO: Sus diarios y su novelita Adolphe yo creo que han estado permanentemente. Quizá esto es justamente lo que no fue traducido originalmente en el tiempo de Constant: la parte literaria. Me parece que es en 1819 cuando se publica por primera vez Adolphe, el mismo año que el discurso de los antiguos y los modernos. Pero en España es mucho más tarde cuando se publica, probablemente en el siglo XX, aunque te lo digo un poco de memoria. Las obras políticas muy pronto. Y es verdad que hay comentarios en el derecho constitucional y en el derecho político español, pero en el tiempo de creación del Estado constitucional y de su mantenimiento, después con la República y con la dictadura de Franco, el interés por Constant cae. Se siguen publicando algunas cosas ocasionalmente, pero no de la manera en que había ocurrido durante el siglo XIX. Constant queda de alguna manera olvidado.
Y a lo mejor, y esto me está ocurriendo sobre la marcha, el hecho de que aquí se produce la restauración de la monarquía, legalmente en el 47 pero de facto en el 75, reabre otra vez el interés por Constant, porque Constant es un defensor del modelo de la Restauración francesa que es una monarquía parlamentaria con una soberanía limitada. Esa idea de Constant, de que el rey juega un papel como poder neutro, está viva, y en muchos libros que estamos viendo publicarse hoy aparece el valor de la monarquía parlamentaria como poder neutro, que es un poder que coordina, y esto aparece en la Constitución española.
Ese poder tiene unos poderes negativos, que no aparecen en la Constitución española, respecto a los poderes positivos: el derecho de gracia en relación a la justicia, poder cesar al primer ministro en relación al poder ejecutivo, o disolver el parlamento. Todo eso eran poderes del rey constitucional que señalan cuáles son las funciones de un monarca de acuerdo con lo que decía Constant. Pero hoy en el presente vuelve a aparecer, lo he encontrado mencionado en muchos sitios, y creo que tiene que ver con este crecimiento del populismo, donde las repúblicas presidencialistas tienen una tendencia mucho más fácil para que se abra la idea de que un ejecutivo que se presenta como representación de la soberanía del pueblo es un poder ilimitado frente a los otros poderes, al que tiende a dominar: el poder judicial, bloqueando al Parlamento como cámara de control. Eso le devuelve actualidad al poder neutro de la monarquía que describía Constant, porque un monarca así visto no se puede convertir en la voz del pueblo porque no es soberano, está sujeto a los otros poderes de alguna manera. Pero puede realizar simbólicamente un papel de limitación del poder político: al menos evita que entre la jefatura del Estado y el ejecutivo haya una colusión en una única persona que pueda convertirse en un poder soberano y que acabe agostando la libertad.
DANIEL GASCÓN: Es una figura que es tan institucional en sí misma que es muy difícil decir que es la voz del pueblo, que sí puedes decir de un presidente.
ÁNGEL RIVERO: Es como el pueblo, que no tiene voz, que es integrador, integra sus distintas voces, pero no puede hablar en el nombre del pueblo. En todo caso, el monarca constitucional hoy es el defensor de la Constitución. En un sistema democrático el pueblo solamente habla con unanimidad a través de la Constitución, y por lo tanto esta figura del monarca parlamentario, que es una figura simbólica, de alguna manera encarna y hace visible esa Constitución que es el acuerdo de todos, le da alguna permanencia histórica, y tiene valores emocionales también importantes.
DANIEL GASCÓN: Es muy curioso, porque aparte de esa peculiaridad de ser alguien que escribe textos políticos importantes y textos literarios importantes, lo cual no es frecuente, es un pensador que tiene muchas conexiones con el mundo actual: por esa idea del parlamentarismo, por la defensa de la libertad individual y por la explicación de la utilidad de la monarquía parlamentaria.
ÁNGEL RIVERO: Yo creo que sí. Y lo hace sin aburrir. La cosa interesante es que Constant, si fuésemos a la originalidad de su pensamiento, es más bien pequeña, porque él ha estudiado mucho. Constant tenía una gran biblioteca. Es verdad que sus estudios siempre fueron azarosos porque tuvo que salir de Edimburgo, que es donde estuvo más tiempo, casi dos años, por problemas de deudas, por esta pasión que tenía por el juego. Pero detrás de él se leen personajes muy importantes: el pensamiento de Hume, según el cual el orden político es convencional y no tiene más fundamento que la opinión. Eso también lo convierte en un moderno. Los cimientos no son trascendentes: son nosotros, y por eso la libertad de los modernos solamente tiene como fundamento aquello que sentimos nosotros como libertad. Y aquello que sentimos como libertad, nos dice Constant, pasa en cinco países. No pasa en más: solo es algo que sienten así los ingleses, los norteamericanos, los franceses, los suizos y los holandeses, me parece. Hay una contingencia que se acepta, pero esa contingencia tiene un acuerdo intersubjetivo, que es aquello que nosotros valoramos. Y eso es lo que Constant convierte en su pensamiento.
Pero detrás de esto hay mucho: uno lee a Condorcet, uno lee a Montesquieu, que está muy presente, muchísimo. Pero en lugar de ser un tratado como es el Espíritu de las leyes, él va directamente a aquello que es importante y que nos dice algo sobre nuestras realidades políticas.
Constant está escribiendo también en un tiempo muy convulso: la Revolución Francesa ha empezado en 1789 y ha ido dando tumbos, donde ha habido de todo. De la República, igual que en la República Romana, se ha pasado al Imperio y a los autócratas plebiscitarios. Es que todas estas cosas de alguna manera las volvemos a tener en el presente: la idea de que en el nombre del pueblo y a través de un plebiscito uno está realizando la verdadera democracia. Todo Constant va contra eso. Si lo leemos ahora, vamos a encontrar que nos suena, y no hay que irse al otro lado del Atlántico para escucharlo. Lo podemos escuchar muy cerquita.
DANIEL GASCÓN: Muchas gracias, Ángel. Ha sido un placer hablar contigo. Y también a los que nos escuchan, que busquéis los libros de Constant y también el libro de Ángel, que se llama Benjamin Constant, teórico y político liberal, y la edición del discurso en Alianza, que es magnífica.
ÁNGEL RIVERO: Muchas gracias a ti por la invitación y a nuestros oyentes por su paciencia.