Hundir a Estados Unidos antes que reconocer la derrota

Después de los hechos de hoy, los republicanos deben distanciarse de forma definitiva del trumpismo. Es eso, o vincularse para siempre con un intento atroz de golpe de Estado.
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Se veía venir. Las nubes auguraban esta tormenta inédita desde que Donald Trump anunció, en el primer debate presidencial, que no aceptaría los resultados de la elección. Las tremendas escenas de esta tarde, cuando una turba irrumpió en el Capitolio para interrumpir el proceso democrático, incitada por el discurso maligno y sedicioso del propio presidente, son la consecuencia natural de la obstinación de Trump y la colaboración cínica de sus cómplices y facilitadores en el partido republicano y los medios de comunicación que le son afines. Es el producto de años de propaganda y meses de calumnias, con la única intención de erosionar la confianza en el proceso democrático estadounidense en beneficio de un solo hombre. Trump ya había conseguido poner en duda la viabilidad de la democracia de su país, alegando un fraude inexistente. Ya había logrado que millones de estadounidenses, que viven en la cámara de eco de Trump y Fox News, jamás asuman como legítima la presidencia de Joe Biden. La violencia no era más que el escalón siguiente, una progresión natural del discurso de odio, que siempre, sin excepción, tiene consecuencias.

Así, Donald Trump concluye su presidencia con el acto más vil: hundir al país ante que reconocer su derrota; quemarlo todo.

Dependerá sobre todo de los republicanos encontrar una salida para esta, sin duda la hora más oscura de la democracia estadounidense en al menos un siglo y medio. Biden será presidente desde el 20 de enero, pero Trump y sus secuaces –Giuliani, Miller, sus propios hijos– pertenecen al partido republicano. El monstruo les corresponde. A primera vista, la salida es evidente. Además de heredarles esta página imborrable y oscura en la historia del país, Trump les ha costado el Congreso y la presidencia. Hace meses (o más) que dejó de ser un activo político. Durante años, los republicanos usaron a Trump como una herramienta para avanzar la agenda conservadora. Trump cumplió a la perfección, sobre todo en la reestructura del poder Judicial. Pero no más. Trump ahora amenaza con condenar al partido conservador a una espiral destructiva que da la espalda a su mejor versión, ya no digamos a las aspiraciones originales del partido de Lincoln.

Después de lo de hoy, los republicanos deben distanciarse de forma definitiva del trumpismo. Aunque les cueste, a algunos y a mediano plazo, la vida política. Es eso, o vincularse para siempre con un intento atroz de golpe de Estado. La historia comienza a escribirse ahora mismo.