Desigualdad y capitalismo

El libro de Thomas Picketty es  un buen antídoto contra la pobretología populista y nacionalista. 
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Se ha puesto de moda criticar a la izquierda moderna y alabar las posiciones más radicales. A los críticos les vendría bien, ya puestos a batirse contra lo moderno, leer el reciente libro del conocido economista parisino Thomas Piketty. Este economista francés publicó el año pasado un extraordinario libro de 950 páginas sobre el capitalismo y la desigualdad que merecería ser confrontado por quienes se oponen a una izquierda reformista moderna (Le capital au XXI e siècle, París, 2013). Después de tantos años de sufrir a los "radicales" exaltar a la diferencia más que a la igualdad, el libro de Piketty es un viento fresco y bienvenido. No es que la defensa de las diferencias (de los grupos étnicos, las minorías sexuales) deba ser menospreciada. Pero la izquierda había olvidado su principal razón de ser: la lucha por la igualdad.

El libro de Piketty muestra que no hay una tendencia "natural" hacia la disminución de la desigualdad. Hubo efectivamente una disminución en el periodo 1914-1950, pero terminó durante los gloriosos treinta años de la posguerra, después de los cuales llegó una época que abrió el paso a una desigualdad creciente. Un aspecto fundamental en el análisis de Piketty es que demuestra que las modalidades del desarrollo económico dependen principalmente de factores extraeconómicos. Por ello critica con agudeza a los economistas de Estados Unidos que sufren una pasión infantil por las matemáticas y la especulación teórica. Y por ello también acude con frecuencia a la literatura, especialmente a las novelas de Balzac y de Jane Austen, para apoyar sus interpretaciones. En cierta manera propone un retorno a la economía política clásica.

Sin embargo lo que descubre no es una tendencia del capitalismo a hundirse bajo el peso de sus contradicciones internas. El capitalismo impulsa con éxito las desigualdades sociales, una tendencia que puede contrarrestarse principalmente gracias a la difusión de competencias y conocimientos, tanto a escala global como nacional. Los flujos que difunden educación y tecnologías son un factor importantísimo que frena la expansión de la desigualdad. Pero estos flujos no funcionan automáticamente: es necesario impulsarlos desde las esferas políticas y culturales.

Piketty descubre que el factor decisivo que impulsa la desigualdad no es tanto la acumulación de capital en las empresas como el masivo crecimiento de los patrimonios heredados y los elevadísimos niveles de ingresos que reciben los cuadros dirigentes de las grandes empresas. Estos ingresos faraónicos no ocurren debido a que se elevan las calificaciones y los méritos de los cuadros superiores, sino por el poder de que disponen para fijar sus propios salarios. De esta manera, el capitalismo está fomentando un cierto retorno a una sociedad en gran medida dominada por herederos y rentistas, típica del siglo XIX. Se trata de la emergencia de un nuevo capitalismo patrimonial y de supercuadros. Pero hay una novedad importante: el surgimiento de una clase media patrimonial.

El libro de Piketty se convierte realmente en una valiosa guía del moderno reformista de izquierda cuando, en la última parte, aborda el problema de la regulación del capital mediante el perfeccionamiento del Estado social y fiscal. Esto se logra gracias a nuevas formas de tributación progresiva, de financiamiento de la educación y de la salud pública, y de impuestos confiscatorios de ingresos excesivos. Todo ello lo lleva al corolario de su conocida "utopía útil", como la llama: un impuesto mundial progresivo al capital. El objetivo de este impuesto no sería el financiamiento del Estado de bienestar, sino la regulación del capital para evitar una espiral desenfrenada de desigualdades y para enfrentar con eficacia las crisis financieras y bancarias. Hay que señalar que el libro de Piketty es esencialmente un texto de historia económica: todas sus conclusiones están basadas en el estudio de la evolución de la economía capitalista desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

En una actitud pseudo-radical algunas izquierdas populistas en América Latina se oponen a subir los impuestos. Esta actitud, que coincide con las demandas de la derecha, impulsa las tendencias hacia la desigualdad, lo mismo que la oposición a modernizar y elevar el nivel de la educación. El libro de Piketty es un buen antídoto contra la pobretología populista y nacionalista que tanto ha frenado la modernización de la izquierda.

(Publicado previamente en el periódico Reforma)

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