Elecciones Venezuela 2012: Cronología de un entusiasmo desgastado

Las elecciones venezolanas del próximo 7 de octubre medirán por primera vez a un electorado cambiante en una elección presidencial.
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El año es 1998, el hombre es Hugo Chávez. Tras haber cohesionado el descontento general ante los partidos políticos tradicionales, obtiene el 56% de los votos en las elecciones presidenciales de diciembre. Mucho. Casi histórico para un país donde el vencedor se decide en una vuelta con varios candidatos, si bien no se repara tanto en que la abstención superó los cuatro millones, mientras que Chávez llegó a 3.600.000. Desde entonces los comicios presidenciales tienen un índice de abstención mucho menor y el comportamiento esperado para el 7 de octubre próximo es que no menos del 70% del electorado participe. En 1998 lo hizo un 63%.

En aquella campaña Chávez derrotó a un líder regional y a una reina de belleza con la promesa de no nacionalizar empresas, de reducir el número de ministerios, de entregar el poder incluso antes de cinco años. Al día de hoy, el gobierno venezolano ha nacionalizado compañías eléctricas, telefónicas, petroleras, cementeras; tiene 29 ministerios y se mide a unas elecciones que extenderían el dominio de Chávez hasta el 2018.

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Reelección 2000

Pero esto es 1999, el primer año de mandato, y el presidente se apresura a convocar una asamblea constituyente para sacudirse la Constitución de 1961. El nuevo texto recibe el apoyo abrumador de 87% de los votantes y el gobierno empieza confiado. La reforma obliga a convocar las llamadas “mega elecciones” en el 2000 por la necesidad de asignar cargos regionales, municipales y parlamentarios. Aún no había pasado tiempo suficiente para que nuevos partidos de oposición ocuparan el lugar de los tradicionales y el chavismo repetía la fórmula del 98, la llamada coalición del Polo Patriótico que reúne a varios partidos de izquierda. Hubo una novedad. Esta vez Venezuela asistió a la presencia hegemónica del partido de Chávez: el Movimiento Quinta República (MVR). Desde entonces y hasta el 2006 ese sería el nombre para maniobrar la noción de que el único partido de Chávez es Chávez.

No solo había que elegir diputados, gobernadores, alcaldes, también Chávez se sometió a la ratificación de su presidencia ante un candidato opositor insólito. Francisco Arias Cárdenas, aliado militar de él en la intentona golpista de 1992, había decidido enfrentarse a su viejo amigo. Que en 2006 Arias Cárdenas volviera al chavismo como Embajador de Venezuela en la ONU y hoy en día sea diputado oficialista por el petrolero estado Zulia habla de la situación que atravesó la oposición durante aquellos años. Fue una victoria fácil que fijó la popularidad del presidente venezolano en contiendas directas –60% con él; 40% con el que se oponga– y le permitió gozar desde cero el periodo de seis años que establecía la nueva Constitución. No solo quedó ratificado hasta el 2006, el país también se llenó de alcaldías y gobernaciones afectas al régimen y la Asamblea Nacional comenzó a operar con suficientes diputados oficialistas como para obtener mayoría calificada.

Para comienzos de 2002 la acumulación de poder generaba intranquilidad y ese año fue el más convulso en la historia contemporánea de Venezuela. El golpe de estado del 11 de abril y el regreso de Chávez dos días después le dio una fortaleza política y moral que aprovechó de forma impecable durante los próximos meses. La industria petrolera convocó un paro que extendió sus dolores de cabeza, pero sabiéndose apoyado por el electorado no dudó en nacionalizarla y despedir a todos los que habían hecho parte del mismo. A los pocos meses creó las misiones, programas sociales de salud, educación y alimentación que pueden considerarse su maniobra política más exitosa y así pasó por el 2003 como un político en plenitud. Solo el estado Zulia, al occidente del país, pudo fijarse como lugar seguro para victorias opositoras. El resto de Venezuela estaba con Chávez.

Revocatorio 2004

El 2004 fue un año clave para los partidos de oposición más jóvenes, como Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia, cuyas futuras divisiones alumbraron un panorama que podía aspirar a prescindir de los sempiternos Acción Democrática y Copei. Superado el ecuador del mandato presidencial, la oposición utilizó la nueva Constitución para convocar un referendo revocatorio y si bien las votaciones volvieron a favorecer a Chávez con un 59% apostando por su continuidad, redes de ciudadanos en las urbes venezolanas tuvieron una actividad que puede verse como el germen de los mejores años de la oposición, que son los de ahora.

Regionales 2004

Dos meses y medio después del revocatorio, la sensación de derrota era difícil de manejar en el seno de la oposición. El oficialismo tenía fuerza, pero al igual que el otro bando se encontró con una elecciones regionales a las que apenas dedicó propaganda. En esos momentos de desconcierto y crisis la figura de Chávez suele ser capital y tras dos años de importantes victorias morales, el presidente se lanzó a las calles junto a sus candidatos a gobernaciones y alcaldías, con especial énfasis en los estados Zulia y Miranda, populosos y productivos. En el primero, volvió a ganar la oposición; en el segundo, el chavismo se llevó la victoria por un corto margen. No todo lo que rodea a Chávez logra capitalizar su popularidad: hay liderazgos intransferibles y entre ellos el más personal es el suyo.

El mapa electoral fue similar al del 2000, con 58% de los representantes elegidos vinculados al oficialismo. Tal vez por el escaso tiempo para maniobrar, la verdadera reacción política de la oposición tras su derrota en el plebiscito tendría que esperar al próximo año.

Asamblea 2005

El revocatorio dejó varias hipótesis de fraude que deben entenderse como caldo de cultivo para lo que ocurrió en las elecciones parlamentarias de 2005. La Asamblea Nacional de Venezuela ya no era un territorio de mayorías calificadas fáciles de obtener para el chavismo. Varios diputados antes afectos al régimen ya no apoyaban el proyecto y en lugar de maniobrar sobre ese terreno, Acción Democrática llamó a la abstención, alegando que el organismo electoral no era fiable. Hubo discusión en el seno opositor, pero los partidos se plegaron a la idea de que entregarle los comicios al chavismo era una forma de protesta que deslegitimaba el origen del parlamento. Resultado: una nueva Asamblea Nacional con nueve diputados chavistas de cada diez.

Reelección 2006

Ante la inminencia de las nuevas elecciones presidenciales a finales de 2006, la oposición estaba especialmente debilitada. Su nula presencia parlamentaria enfatizó las diferencias partidistas y Chávez gozó de la mayor concentración de poder en todo su gobierno. Solo desde el estado Zulia el principal líder regional, Manuel Rosales, con pasado adeco pero bien establecido en su partido Un Nuevo Tiempo, pudo generar una alianza para enfrentar a Chávez de forma unificada y si bien el resultado fue una aplastante diferencia de 7.300.000 votos (63%) a 4.290.000 (37%), la campaña sirvió para demostrar que ni siquiera en el mejor escenario Chávez podía aspirar a obtener los diez millones que auguraba mitin tras mitin y que solo en la unidad se podía hacer verdadero contrapeso a la maquinaria oficialista.

 

Quizás cansado de las coaliciones y la disidencia, Chávez entró a su nuevo periodo electoral de seis años con la idea de formar un partido único que agrupara a todo el chavismo. Organización política que no se diluyera para pertenecer a su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), no sería reconocida por el proceso. Solo tres, entre ellos el Partido Comunista de Venezuela, eligieron no disolverse. El presidente caminaba así hacia su nuevo partido, pero desde ese momento quedaría claro que si Venezuela no elige directamente a Chávez sino a funcionarios del chavismo la diferencia con la oposición se reduce. Aun más: se desvanece.

Reforma constitucional 2007

Desde 2006 el presidente venezolano anunció la intención de modificar 69 artículos de la Constitución vigente, su caballo de batalla en el ya lejano 1999. Esa misma legislación lo obligó a someter la propuesta a un referéndum y el 2 de diciembre de 2007 la voluntad popular dio el primer espaldarazo a la oposición. El electorado rechazó la reforma por un margen que no pasaba del 1% y aunque Chávez la tildó de “victoria de mierda”, mostró un país más dividido de lo que podía pensarse a la sazón de los comicios presidenciales del año anterior. Entre los 69 artículos se proponía una definición del Estado venezolano como socialista y, sobre todo, la posibilidad de reelección continua e indefinida para el presidente. A todo se le dijo no, al menos por un tiempo.

Regionales 2008

Puede que el PSUV haya alertado a la oposición sobre la importancia de unificarse y, reforzada tras el final de 2007, los partidos nuevos y los tradicionales comenzaron a buscar candidatos únicos para enfrentar a los del recién estrenado PSUV en las elecciones regionales de 2008. De las 23 gobernaciones en juego, el chavismo se llevó 18, pero las otras cinco fueron clave al tratarse de estados con mucha población, incluida la capital, Zulia y Miranda, este último ganado por Henrique Capriles en una campaña muy cerrada con uno de los hombres más cercanos a Chávez aunque poco favorecido por el electorado: Diosdado Cabello, actual presidente de la Asamblea Nacional.

Enmienda 2009

Fueron dos golpes seguidos para un presidente acostumbrado a arrasar, si bien lejos de amilanarse la respuesta fue huir hacia adelante. Con la ayuda de la Asamblea Nacional que cuatro años antes había quedado en manos del oficialismo, en 2009 se convocó otro referendo para someter a votación la posibilidad de que todo funcionario de elección popular pudiera presentarse de manera continua e indefinida al cargo. La propuesta estaba reciclada de entre los 69 artículos ya rechazados por el electorado, por lo tanto era improcedente presentarla otra vez, pero cuando las leyes de un país se escriben con la misma mano que imparte justicia los renglones se tuercen. La consulta llegó a las urnas aprobada por un margen de 55% a 45%.

Asamblea 2010

La celebración oficialista duró pocos meses y pareció diluirse en la evidencia novísima del año siguiente, cuando por primera vez en una elección no plebiscitaria la oposición fue mayoría. Cinco años después de la desastrosa abstención para las legislativas, la oposición se resarció en las de 2010 y repitió la fórmula consabida de las presidenciales de 2006 y las regionales de 2008: unidad para vencer en tiempo polarizados. En términos absolutos derrotó al también unificado PSUV por 53% a 47%. Otro cantar son los términos relativos.

Meses atrás, la Asamblea había modificado los mapas electorales. Así, las regiones donde el oficialismo tenía más fuerza obtuvieron más escaños aunque no fueran tan populosas y a pesar de tener minoría de votos, el PSUV se llevó 98 escaños de los 165 posibles. Un revés para la oposición, pero solo eso. La política se alimenta de los estados de ánimo y desde entonces ambas fracciones saben que el país está transformándose.

Las elecciones del próximo 7 de octubre medirán por primera vez a ese electorado cambiante en una elección presidencial, especialidad de la casa para Hugo Chávez, quien se refuerza en el tête-à-tête. En esas condiciones, el presidente venezolano no conoce la derrota, pero tampoco la conoce Capriles, dos veces alcalde y también gobernador. Es más, de ganar, Capriles sería el primer presidente venezolano que fue alcalde, otra muestra de que el país puede comenzar a favorecer políticos con experiencia en la gestión pública, políticos de profesión. Esta no es una elección entre partidos, es una contienda entre dos líderes que no pueden compartir ecosistema. Uno, con 14 años gobernando; otro, con una promesa de cambio y renovación.

 

 

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