Foto: Idalia Ríos

Placeres portátiles

Una celebración de los placeres gastronómicos que uno disfruta mientras camina.
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Si se es bebé: chupón con menjurje que ni qué. Si se es niño: paleta rojiblanca sabor a menta, congelada de uva, nieve de limón, también el Frutsi frío masticado por debajo, de naranja si es posible, para que raspe. Lunetas. Selz Soda. Kinder Sorpresa. Miguelito de agua, Miguelito de polvo. Elote en palito, esquites con mayonesa. Pedazo de Chicharrón pendejeando sobre la acera. Pedazos de uñas comidas quitados de la pena. Aguas de litro en el gañote: tamarindo, horchata, jamaica, piña colada, en fin, la que se antoje en “La Michoacana”. Palanquetas y camotes no deben faltar en nuestras fiestas. Si se es adolescente nada mejor que las papas fritas, la goma de mascar, los pescuezos de pollo con Valentina. Cueritos en el estadio de CU, salpicados de mengambrea. La consabida Caguama dizque helada en bolsa y empopotada. Si se es un ama de casa el cubito de queso panela, la pruebita de jamón robado, la salchicha coctel y la aceituna levantada del supermercado. Si usted es torero (¿quién quita?), dele vueltas a un dulce de mantequilla por debajo de la lengua. Si se es adulto lo comprueba mediante el sabor de su amante. Si se es creyente de cepa, ahora como desde los años veinte, la hostia dominical por el pasillo central, que se pega a uno como dulce de agar. Si va por Irapuato y en el camino se marea, bájese por unas fresas al costado de la carretera. Huevo duro, camote o borrachitos es el menú de la México-Puebla. Si usted es un bandido: pedazo de chito. O robe un guamazo de fideo seco, tres dedos de frijoles refritos, zúmbese un pedazo de milanesa, sea de pollo o de ternera. Robe pastitas a las amigas de su madre o trufas de chocolate, barquillo de Mac’ma por millar, en esas reunionesa de toda la tarde. Oro líquido si se bebe en la Marquesa de los setenta, una Tecate con sal y limón sentado en el patio trasero con toda su parentela. Si está un tanto triste y se le antoja un pecado, elija la rumia de cocada o la bolsita de chamoy, si es que los halla en el mercado. ¿Qué tal unos sesos de res en quesadilla, un taco de aguacate o sólo una pizca de sal sobre una tortilla? ¿Un cucurucho de cacahuates? Tal vez un pan con mantequilla, un par de merengues o gaznates. Si quiere usted salud, amigo mío, olvide el pedazo de migajón que arranca al bolillo al ir por los críos, y dese un regalo de piña, trocitos de sandía, rodajas de pepino con piquín hasta la coronilla. O bien caramelos Acuario o mejor Laposse, para volver a batallar con sus pasas de pacotilla, chicles Canel’s de taquería. Si se va en coche, una soda en lata entre las piernas, si se va a pié un esquite, un elote,  un botellín de agua en la derecha. ¿Qué hay de la Tusti, el triangulito de Boing, un Peperami? Por otro lado, de vacaciones: agua de mar o agua de río en los bigotes. Un palillo mojado de malvado. ¿Perlas de ajo, hígado de tiburón para la salud interna? ¡Halls de Menta! Mugre sabor limón entre los dedos. Hojas de pápalo. Simplemente una torta de pierna o sándwich de jamón atascados de sus chiles en conserva. Si se es juguetón: pila de nueve voltios sobre la lengua. ¡Hágalo! Edamames y guasanas, pepitas u otras vainas, de camino a la plaza de toros, otrora cuando éramos sabios y nos gustaban a todos. Lipstick. O simplemente Labello. Un batido. Un pedazo de hielo que nos baja por el cuello. Café caliente de camino a la oficina, y si es Navidad orejones, turrones o peladillas, de camino a la cocina, a hurtadillas. Y en plena partida de dominó, cebollita de cambray, chorizo de cantimpalo, trocitos de manchego rumbo al baño. ¿Qué tal la gelatina de rompope directo del papelito, ya de regreso a la oficina después del cafecito? Ya son las cinco y el jefe ataca. ¿Unas Tic-tac, un Almonriz? Mejor pastillas de regaliz para enjuagar la buchaca. A paso veloz, uno, dos y tres, come todo el mundo, en fin, comer y beber todos de pie, caminando que es gerundio.