La verdad y el archivo

Indignidad. Una vida recreada

Lea Ypi

Traducción por Traducción de Albert Fuentes

Anagrama

Barcelona, 2026, 392 pp.

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En su primera novela, Libre. El desafío de crecer en el fin de la historia (2023), Lea Ypi desarrolla una suerte de bildungsroman autobiográfico, que acontece en la década de los ochenta y noventa, durante el final del represivo régimen socialista de Enver Hoxha en Albania. El libro mezcla la aguda mirada de una niña, entusiasmada con el socialismo y extrañada por la actitud ambivalente de sus parientes en torno al Partido y su líder, con las reflexiones posteriores de la autora en torno a la libertad, la dignidad, las críticas al capitalismo y los abusos de un régimen que le procuró gran sufrimiento a su familia.

Con Ismaíl Kadaré, Svetlana Aleksiévich o Liudmila Ulítskaya, entre varios otros, Lea Ypi (Tirana, 1979) se suma a una afilada línea de escritores contemporáneos que han evidenciado los dilemas, la desorientación y la crisis que trajo la transición del socialismo a la democracia para los habitantes de distintos países soviéticos. Pero Libre no solo retrata la caída de un sistema, narra el derrumbe de una biografía familiar; de una historia vital ante los ojos de una adolescente que, tras la revelación de un secreto guardado por su seguridad, se ve obligada a reconfigurar el relato de su vida, de su familia, del pasado.

Con la pérdida de la inocencia, la libertad, entre otros pilares, deja de ser una realidad por consigna para convertirse en una lucha, en una misteriosa condición futura de la que todos saben muy poco; una exigencia que, cuando finalmente llega, sabía apenas, como describe la narradora, a comida congelada. Pero mientras el lenguaje, su familia, el Estado y la sociedad se descomponen, la abuela retoma parte de su historia familiar y relata a su nieta momentos de su niñez como aristócrata otomana en Salónica, su migración a Tirana, así como las crueldades vividas por culpa del nazismo, el fascismo y el socialismo. A pesar de todo, asegura la abuela, ella fue siempre la dueña de su destino.

Al final, los Ypi quedan disgregados, tal como la verdad de su historia. IndignidadUna vida recreada, su libro más reciente, llega entonces para ampliar preguntas y reflexiones en torno a la libertad y la dignidad e intentar atar los cabos sueltos del pasado, de nuevo, con una gran habilidad para concentrar la narración de una dolorosa historia con la complejidad y las disyuntivas que implica indagar en el pasado y analizar estos conceptos.

Tras el descubrimiento de una foto de su abuela que circuló en redes sociales y que ocasionó una oleada de imputaciones donde se le tachaba tanto de espía comunista como de colaboradora fascista, Ypi se pregunta si los vivos tenemos la obligación de reivindicar la dignidad de los muertos, o si esas búsquedas son más bien otra manifestación de la imposibilidad humana de asimilar la muerte y manipular el tiempo a nuestro favor. Así, la autora decide ir a buscar en distintos archivos la verdadera historia de su abuela Leman.

En albanés la palabra ataúd y archivo son casi iguales, dice el joven que conduce a la protagonista por el cementerio de Tesalónica, “el primero para enterrar el cuerpo, el segundo para enterrar el alma”. Con su investigación, la autora buscará, al menos, salvar a su abuela de una segunda muerte; recuperar su dignidad haciendo que su archivo no sea apenas una nueva cripta. Como el doctor Elias Levy, protagonista de uno de los momentos más estremecedores de la novela, Ypi buscará reescribir los nombres de los muertos, sus historias, y darles un nuevo sentido, para que de ellos no queden solo sus lápidas para ser arrasadas. Aunque las dudas en torno a las razones de su investigación se multiplican conforme la lectura avanza, quizás la justificación es una custodia de la humanidad –cuya raíz latina es humāre, enterrar, nos recuerda Ypi–. Tal vez, como reflexiona la autora, la humanidad depende en buena medida de recordar a los muertos como es debido.

Su entrada a buena parte de los archivos es hostil, desconcertante: un gran aparato administrativo y aséptico se impone entre fríos pasillos y catalogaciones indescifrables; más aún cuando el arconte es el servicio secreto de un régimen dictatorial extinto, que le cuestiona una y otra vez las razones y su autoridad para estar ahí. Desde su primer acercamiento, Ypi empieza a sospechar que el archivo no es un tranquilo y ordenado saber; sino un lugar de resguardo, una cripta, un secreto; un campo de fuerzas entre el olvido y la memoria que le implicará una enorme batalla.

A lo largo de su odisea por el pasado familiar, Ypi reconstruye de forma eficiente, ágil y emocionante la caída de la aristocracia otomana, la creación de la Grecia y la Albania modernas, la llegada del nazismo a Europa y la instauración del régimen comunista en los Balcanes. Sin embargo, la novela deja ver que la verdad de lo acontecido dista de aclararse en un conjunto de registros; que la información obtenida no es una simple muestra empírica del pasado. El archivo muestra no solo las operaciones que ella despliega en su lectura y su interpretación, sino las tensiones entre lo que se expone y lo que se suprime; las brechas entre lo escrito y lo borrado, entre lo documentado y lo acontecido, entre la vivencia y el relato.

Ypi recupera informes de vigilancia policial, declaraciones, telegramas, actas de asambleas, que constantemente chocan entre sí y con la concepción y memoria que la autora tiene de su propia familia; y ante sus posibles descubrimientos, se siente amenazada. ¿Cómo se lidia con la revelación de huellas del pasado y la expectativa de ausencias irreversibles? Se cuestiona también si su investigación logrará reconciliar sus recuerdos con las revelaciones que presiente. Pero después, las preguntas se vuelven aún más complejas. El archivo revela pero también guarda silencio, despista, falsifica, recuerda y olvida, sin fronteras claras entre esos conceptos. “Los hechos son solo confiables si confiamos en los mecanismos por medio de los cuales nos son transmitidos”, anota la autora. ¿Cómo creer en el archivo si este ha borrado incluso la posibilidad de que ambas se hayan conocido? Todo parece llegar a sus manos diferido.

Tantas confrontaciones la llevan a una pregunta que está, tal vez, más allá de estos archivos: no se trata tanto de qué pasó sino de cómo fue su propia vida para Leman. ¿Cuál fue su experiencia de lo vivido? Dice Ypi:

“Un animal no puede hacer más que librarse del dolor, pero el ser humano puede decidir sufrir”, confesó Friedrich Schiller, el poeta favorito de Leman, en un ensayo escrito poco después de la Revolución francesa. Hay un sufrimiento inmenso en estos documentos, y en los recuerdos con los que ando a cuestas, y en todos los archivos a los que nunca podré acceder, y en los documentos que fueron quemados hace largo tiempo, y en aquellos que nunca existieron porque no todas las voces merecían ser escuchadas. Ella lo ve todo, lo experimenta todo: la caída de los imperios, el auge de las naciones, el tráfico de personas, la guerra y la nada, el hundimiento de la utopía. Sabe que cada acción tiene un coste y encuentra consuelo en la idea –pese a que solo es una idea– de la lucha por imponerse a la adversidad mediante la fuerza moral. A la expresión con la que esta fuerza se manifiesta en el mundo, continúa el desdichado poeta, la llamamos “dignidad”.

Incluso cuando la deportan a Vorrozen –el pueblo cuyo nombre significa ‘el lugar de las tumbas’ y en donde “los lugareños hablaban como si mezclaran las palabras para formar cemento”–, Leman se sabe libre y con su dignidad intacta.

Así, a pesar de la fuerza del archivo para ordenar los hechos, la autora percibe que hay una dimensión de la verdad que nunca podrá aclararse solo a través de él. Ypi pelea con el Estado por el poder arcóntico, y la ficción aparece entonces como una alternativa. En contraste con burocráticos papeles de la Sigurimi, la ficción sugiere la posibilidad de atisbar secretos sin poder develarlos o agotarlos, pues no niega los límites de su acceso y comprensión, pero plantea un pasado posible, que otorgue un sentido y que esté abierto al futuro. En la ficción los secretos acusan presencia pero no se resuelven. De ahí que mezcle diversos registros: tanto material de archivo como una recreación de la vida de Leman y sus propias reflexiones.

Finalmente Ypi se pregunta si acaso los motivos de su búsqueda no son los mismos que los del acoso de sus verdugos: saber por qué Leman fue considerada enemiga del Estado. No. Los hechos son solo una parte. Para Lea Ypi la verdad ya no es el resultado de una persecución, sino el encuentro entre la interpretación, la memoria y la imaginación; algo que “hay que crear y no descubrir”. La luz que proyecta ese encuentro, afirma Ypi, la esperanza, la posibilidad que infunde en nosotros de que las cosas pudieron ser distintas, es el verdadero desafío ante quienes buscan socavar la dignidad de los muertos. ~


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