Tengo una máquina del tiempo

AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

Pero es una desgracia que únicamente pueda viajar hacia el futuro
a razón de un segundo por segundo,

lo cual parece lento a ojo de los físicos y de los comités
de becas –y a los míos, incluso.

Pero me las arreglo para llegar ahí todas
las veces, al siguiente momento y al que sigue.

El asunto es que no puedo apagarla. Me la paso volando hacia delante
–bueno, no exactamente “volando”–. Si intentara

salirme de esta máquina del tiempo, abrir la cerradura,
caería al espacio, al principio inconsciente

y luego disecada. Estoy segura
de que a eso le temo. Mejor me quedo adentro.

Pero hay una ventana. Deja ver el pasado.
Es como una televisión o una pecera.

Pero nunca está en vivo. Ha terminado siempre. Los peces nadan
en círculos inversos.

Parece, en ocasiones, un espejo retrovisor, otra oportunidad
de ver eso que voy dejando atrás

y un apagón en otras, todo el tiempo
que se pierde al dormir.

Yo misma de ocho años, con la cabeza ardiendo de vergüenza
por haber extraviado un libro de la biblioteca.

Yo misma, oculta en una esquina
a la luz de las velas, esperando lucir encantadora.

Yo misma, sosteniendo una rosa, aunque quisiera soltarla
para poder fumar.

Yo misma, al explotar con mi madre que explota,
pues la explosión

de alguna enana negra afectó, si nos vamos hacia atrás,
a la madre de la madre de mi madre.

Me aparto de la ventana al presentir un golpe.
Pensaba que sería

una mujer mayor a estas alturas, que hace viajes ligeros en el tiempo.
Pero no llegué lejos, para nada.

Qué extraño no poder recuperar el ritmo como yo lo quisiera.
El pasado es terriblemente rápido. ~

(2016)

Versión de Hernán Bravo Varela.
Reproducido con permiso de The Permissions Company.


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: