Los centenarios de autores suelen ser, ante todo, encrucijadas, momentos que determinan si el buque insignia que porta la obra de un escritor continuará navegando por los mares de un canon universal, si quedará varado en las playas literarias de una sola lengua o de unos pocos iniciados y adeptos o se sumergirá definitivamente en las calmas y profundas aguas del olvido. Tales aniversarios marcan también el momento en que se consolida lo que suele ser, por naturaleza, volátil y brumoso: el mito de un autor.
En el ámbito de lengua alemana, el mito de Ingeborg Bachmann viene gestándose desde el momento mismo en que murió el 17 de octubre de 1973 en Italia, a consecuencia de las quemaduras infligidas (¿autoinfligidas?) tres semanas antes en un accidente en su apartamento de Roma.
En el ámbito de nuestra lengua, en cambio, si bien se han traducido varias de sus obras principales, apenas se ha estudiado a Bachmann. Su nombre (como los mitos) genera si acaso suspiros de admiración entre algunos iniciados, pero resulta difícil encontrar estudios verdaderamente originales sobre el conjunto de su relevante obra. (Mención aparte merece, en este sentido, la editorial barcelonesa Tresmolins, que ha iniciado una importante labor de divulgación con traducciones notables que abarcan la poesía completa, las piezas de radioteatro y los cuentos.)
Por desgracia, el deseado conocimiento sobre una de las poetas más importantes del siglo XX (y no solo en lengua alemana) se ha visto ensombrecido por esos aspectos biográficos que más suscitan el morbo de los medios (sobre todo aquellos que vinculan a la escritora con algunos de sus colegas varones: como Paul Celan o Max Frisch).
Con Bachmann se da una paradoja muy singular: en 2020, año del centenario de Paul Celan (nombre al que siempre se vio asociada, a veces hasta la saciedad), la avalancha de publicaciones sobre la vida y la relación del poeta de Czernowitz con su entorno (sobre todo el alemán) abrió las puertas a una nueva valoración (más orgánica y autónoma) de la figura y la obra de la escritora de Klagenfurt.
Especialmente la correspondencia de Celan fue reveladora en ese sentido. Aunque ya existía antes una edición (incompleta) de la correspondencia entre Celan y Bachmann, la posibilidad de estudiar, a través del epistolario completo, las estrategias de Paul Celan, su –en ocasiones– errática valoración de otros colegas escritores o los chantajes emocionales a los que sometía a sus interlocutores (especialmente si eran mujeres), arrojaron nueva luz sobre la cada vez más mitificada relación entre ambos: una relación desgarradora y conflictiva, en la que Bachmann se crece a nuestros ojos como persona y escritora, alguien a la vez sagaz y frágil, no menos estratégica en la gestión de su vida emocional, pero mucho menos proclive a camuflar su vulnerabilidad ante la persona amada o a ocultar su admiración por la obra del otro (“El amor es una obra de arte”, dijo Bachmann en una ocasión, “y no creo que mucha gente sepa cómo llevarlo”).
Austria (país mitómano por excelencia; léase, si no, a Robert Musil) ha sabido muy bien urdir en torno a Bachmann un nuevo mito. (Ello se debe en gran parte al fino olfato comercial de los herederos de la autora, que han ido dosificando el material póstumo del que disponen para sacar importantes beneficios con su publicación a cuentagotas.) Por otro lado, surgen nuevas valoraciones y ensayos más independientes que van situando a la poeta austriaca afincada en Italia (país con el que tiene una gran relación de afinidad y al que en un poema llama “el país del primer nacimiento”) en el sitial que merece, desde el punto de vista poético, en la segunda mitad del siglo XX.
Tal vez el libro, a mi juicio, más notable publicado sobre Bachmann en los últimos años data de una fecha anterior al centenario y es obra de la alemana Ina Hartwig. En Wer war Ingeborg Bachmann? Eine biographie in bruchstücken (“¿Quién fue Ingeborg Bachmann? Una biografía en fragmentos”) (2017), Hartwig se adentra en la vida de la autora desde dos perspectivas fundamentales: una feminista y otra desacralizadora. Como personaje (más que como escritora), Ingeborg Bachmann padeció la construcción de su imagen pública a partir de una mirada casi siempre masculina y, post mortem, a partir de los intentos de mitificar su figura o de acapararla ideológicamente. Ella misma dijo en una ocasión que “una no moría realmente a causa de enfermedades, sino de lo que le hacían”. En aras de presentarnos a una Bachmann auténtica, Ina Hartwig desentraña momentos claves de su biografía a partir de testimonios de quienes estuvieron cerca de ella en esos instantes vitales. Ello hace que el libro pueda leerse como la reconstrucción de un crimen –como el policiaco de una serie de true crime– en la que toman la palabra diversas figuras que estuvieron próximas a la víctima.
Su otro mérito (y no menor) es la capacidad para deconstruir y desenmascarar los criterios de tantos autores, críticos o periodistas (hombres en su mayoría) que durante décadas fueron dando forma de retrato hablado a la imagen pública de Bachmann (con o sin su intervención directa). En ese sentido, Hartwig no se arredra ante ninguna vaca sagrada: figuras como Paul Celan o un arbitrario gurú de la crítica alemana como Marcel Reich-Ranicki son puestos en entredicho con argumentos incontestables.
Entre las nuevas ediciones ya publicadas (o que se publicarán) en el ámbito de habla alemana hay algunas muy relevantes. Ante todo, otro libro de carácter biográfico, Die letzten Tage von Ingeborg (“Los últimos días de Ingeborg”), escrito por la suiza Fleur Jaeggy, unida a Bachmann por una relación que ella misma situaba “en ese país de niebla entre la amistad y el amor”. Por su parte, la editorial zuriquesa Kampa sacó el pasado año Wir müssen wahre Sätze finden. Gespräche in Rom und anderswo (“Hemos de hallar frases verdaderas. Conversaciones en Roma y otros lugares”), una compilación de entrevistas de enorme valor poetológico y concedidas por la autora entre 1956 y 1973.
El pasado año, bajo el título de Was machen wir aus unserem Leben? (“¿Qué hacemos de nuestra vida?”), se ha publicado la correspondencia completa de Bachmann con Heinrich Böll. Y nuevas selecciones de apuntes se han recogido en dos antologías: “Senza casa”. Autobiographische Skizzen, Notate und Tagebucheintragungen (“‘Senza casa’. Bocetos autobiográficos, anotaciones y apuntes de diario”) y “Male oscuro”. Aufzeichnungen aus der Zeit der Krankheit (“‘Male oscuro’. Apuntes del tiempo de la enfermedad”), iniciativa de un proyecto filológico de la Salzburger Bachmann Edition.
Por último, cabe mencionar lo que parece ser la biografía definitiva (al menos la más completa hasta el momento): “Zwei Menschen sind in mir”. Die Biografie (“‘Dos seres habitan en mí’. La biografía”), a cargo de quien es probablemente la más grande especialista en la obra de Ingeborg Bachmann, la filóloga alemana Andrea Stoll.
Un centenario –como decíamos al inicio– es una encrucijada. Es también el momento para hacer corte de caja. Los centenarios constituyen una gran oportunidad de negocio y prestigio para casas editoriales, instituciones culturales de todo tipo y comentaristas de toda estirpe o calaña. Que el buque portador de la obra de Bachmann siga surcando los mares hacia el puerto de un canon universal depende en gran medida de las traducciones a otras lenguas. Hemos intentado ofrecer aquí una lista mínima de títulos secundarios que contribuirían a afianzar como merece, en nuestro ámbito cultural, la obra de Ingeborg Bachmann. Pero esto es sobre todo un llamado a traducir y publicar lo que aún está por darse a conocer: una compilación definitiva de sus ensayos y textos periodísticos; el resto de la correspondencia (muy importante la que sostuvo con otro de sus amantes: el austriaco Hans Weigel); o sus trabajos menores para la radio (como la soap opera radiofónica Die Radiofamilie [“La familia de la radio”], escrita en los primeros años de su labor y de enorme valor sociológico).
Parafraseando a la propia Ingeborg Bachmann, cabe decir que los autores (sobre todo los ya muertos) no mueren de enfermedad. Mueren de lo que hagamos con ellos. Hagamos, pues, algo loable con la más que loable y trascendental obra de la austriaca. ~