XII. Eduardo Matos Moctezuma: Paradojas del aztequismo

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Entre las grandes historias de la arqueología mundial está la iniciada la madrugada del 21 de febrero de 1978 cuando trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, realizando tareas de cableado eléctrico, se topan con una piedra esculpida que resulta ser la Coyolxauhqui. A solo unos pasos del Zócalo y a escasos dos metros del nivel de la calle de Guatemala yacía la hermana de Huitzilopochtli e hija de la Coatlicue. Lo cuenta el propio Eduardo Matos Moctezuma (ciudad de México, 1940) en Las piedras negadas / De la Coatlicue al Templo Mayor (1997), uno de los libros del arqueólogo mexicano quien es el fundador y protagonista del proyecto, vigente, del Templo Mayor. Le tocó a Matos Moctezuma enfrentar aquella polémica desatada por la Coyolxauhqui de fines de los años setenta que dividió a la opinión pública entre hispanófilos y aztequistas –llamémosles así– sobre cómo reconfigurar –reto arqueológico, arquitectónico e histórico– el lugar exacto del nacimiento de México, el sitio preciso del trauma de su nacimiento.

Al final, no se destruyó, como algunos temían, medio centro colonial para restaurar aquel Templo Mayor que Hernán Cortés arrasó en 1521 sabedor de que ese y no otro era, para los vencidos, el ombligo del mundo. Lo que queda del Templo Mayor, a un costado de la catedral, es una cicatriz sin la cual ya no reconoceríamos el rostro de la ciudad, el rostro de la nación.

Bien conocido por su bonhomía, Matos Moctezuma es todo menos un aztequista. Es un científico acostumbrado al equilibrio y bromea, con indiscutible autoridad, sobre la fauna urbana que rodea al Templo Mayor, pero habla con muchísimo respeto del tlatoani Moctezuma, quizá su lejano pariente, a quien, a diferencia de muchos otros historiadores, considera la principal autoridad religiosa y espiritual de los mexicas, es decir, alguien que tomó las decisiones que consideró más inspiradas. Narra con deleite, Matos Moctezuma, la Conquista: se la sabe, palabra por palabra, de memoria y se la ha contado, principal autoridad internacional de nuestra arqueología, a dos o tres mundos. La obra escrita de Matos Moctezuma es extensa y va desde los eruditos Estudios mexicas –publicados en varios tomos por El Colegio Nacional, al que pertenece desde 1993– hasta obras ampliamente divulgadas, a la vez concisas y ricas, como Tenochtitlan (FCE/Colmex, 2006) y La muerte entre los mexicas (Tusquets, 2010), por mencionar solo dos de las más recientes.

Matos Moctezuma ha ocupado el tránsito entre los siglos XX y XXI como antes que él Leopoldo Batres representó a la arqueología del Porfiriato y Alfonso Caso y Manuel Gamio (su principal inspiración) a la del esplendor del régimen de la Revolución mexicana. Él mismo se concibe, quizá, como la culminación de aquel ciclo iniciado el 13 de agosto de 1790, cuando se cumplían 269 años de la caída de Tenochtitlán y los trabajadores al servicio del segundo conde de Revillagigedo, virrey de la Nueva España, descubrieron a la Coatlicue y, cuatro meses después, el Calendario Azteca o Piedra del Sol. A Eduardo Matos Moctezuma, las cosas de los dioses y las cosas de la ciencia, ambas, lo ponen de buen humor.

 

 

¿Cómo trazarías, cada una por su lado, a España y a América antes de la Conquista? ¿Qué hacía tan distintos a los pueblos mesoamericanos del Imperio español? ¿Algunas cosas los unían?

España estaba saliendo de una guerra muy desgastante contra los moros. Las arcas habían quedado un tanto vacías y se imponía la necesidad de obtener el oro para sostener el imperio. Mesoamérica, por su parte, pasaba por un momento de apogeo: los mexicas estaban, a principios del siglo XVI, en plena expansión. Moctezuma, que había asumido el mando en 1502, había logrado, al igual que sus antecesores, expandir el imperio de una forma impresionante. Se da el encuentro entre ambas culturas con diferencias notorias en todos los aspectos: el sistema económico, el sistema político, la religión desde luego. Estas gentes que vienen de la metrópoli, de los asentamientos que se han dado ya en el Caribe, en La Española o en Santo Domingo, en Cuba, ya tienen el pie en América, tienen sus propias formas de pensamiento y de repente se encuentran con un mundo totalmente ajeno a ellos. Voy a dar un breve ejemplo. En el aspecto económico, los pueblos mesoamericanos tenían como esencial el sistema tributario y basaban su economía en tres aspectos fundamentales. Uno, la agricultura, la base, esa presencia agrícola reflejada en su templo principal dedicado a Tláloc; y al lado tenían, segundo aspecto, el templo principal dedicado al dios solar y de la guerra, Huitzilopochtli, es decir, símbolo de la imposición militar a otros grupos para imponerles un tributo. El tercer aspecto era el comercio.

 

En cuanto a la política de alianzas que va tejiendo Cortés camino de Tenochtitlán, ¿te parece que expresa las habilidades del conquistador, solamente, o indica la ausencia de la idea de nación entre los mesoamericanos y prefigura su derrota militar y religiosa? ¿Es cierto aquello que se repite de que los indios hicieron la Conquista?

Cuando Cortés llega a Veracruz, capta de inmediato que hay una desavenencia de los pueblos costeros, totonacos, con el centro, provocada precisamente por este sistema tributario. Lo primero que hacen estos grupos costeños es quejarse con él: “Oye, es que el señor de allá atrás de las montañas nos tiene sometidos.” Y Cortés, muy hábil, dice: “No, tú ya no vas a pagar nada, tú ya no tienes que pagar nada a Tenochtitlán ni al señor Moctezuma, sino que yo vengo en representación del rey de España y yo te voy a apoyar.” Cortés pone un pie firme aquí en México y manda a encallar las naves –pues nunca las quemó. Había desobedecido ciertas órdenes de Diego Velázquez, gobernador en Cuba, y algunas de sus gentes tenían la inquietud de regresarse, entonces él encalla estas naves y, ahora sí que como César, alea iacta est, aquí la suerte está echada, y vamos para adelante. Él quiere ir más allá de los volcanes, hacia Tenochtitlán. Moctezuma comete un error, quizá el primero: estando Cortés en Veracruz le envía obsequios, le envía una cantidad de obsequios de plumaria, de oro, de máscaras, en fin, y esto lo único que hace es avivar mucho más el interés, la codicia por el oro.

Siempre se ha manejado en nuestra historia: “Es que Moctezuma pensaba que Cortés era Quetzalcóatl, que regresaba como en los mitos.” Yo creo que los diez primeros minutos pensó que sí se trataba de Quetzalcóatl, pero al onceavo minuto ya se daba cuenta de que no era tal, porque si estás esperando que venga este dios tan importante en el panteón mexica pues lo vas a recibir de inmediato y no lo quieres alejar con obsequios: “Vete, te mando esto.” Sabemos que ya en su avance hacia Tenochtitlán, Moctezuma pone escuadrones cerca de los volcanes para atacarlo y pronto él se da cuenta de que no es una deidad la que regresa sino que es gente de carne y hueso y él trata por todos los medios de alejarlo.

 

Y hablando de la estrategia militar: a lo largo de las entrevistas que hemos tenido con arqueólogos e historiadores se insiste mucho, no sé tú qué pienses, en que a la hora de la guerra la estrategia se vio determinada por una noción totalmente distinta de lo que era pelear. ¿Qué diferencias encuentras entre la estrategia militar, entre las convenciones de guerra de los españoles y de los aztecas? Más que las distintas armas, más que lo tecnológico, ¿fue determinante que unos pelearan para matar y otros para hacer prisioneros?

Fueron dos los factores importantes en la concepción de cada grupo en pugna con sus propias ideas de lo que era el combate. El mexica iba, digamos, en contra de sus enemigos para capturarlos vivos para el sacrificio a sus dioses, aunque había muertes, desde luego. Esto marca una diferencia fundamental con el concepto de guerra de ir a matar y mientras más matas mucho mejor, que era el concepto español. Deben recordarse las famosas Guerras Floridas, practicadas precisamente con el fin de capturar enemigos para el sacrificio. Al guerrero muerto en combate o capturado y sacrificado en honor de Huitzilopochtli se le deparaba quizás el mejor lugar después de la muerte, que era acompañar al Sol en una parte de su recorrido. Por otro lado, estaba también el aspecto tecnológico: aunque hubiera hondas y flechas, nada de eso podía ser tan mortífero como enfrentarse a los arcabuces disparando desde larga distancia.

Hay que recordar que Cortés es capturado en los combates por Tenochtitlán y ya se lo llevaban para sacrificarlo, pero sus soldados se dan cuenta, arremeten y logran rescatarlo. Tanto el aspecto ideológico como el tecnológico jugaron un papel importante, pero también acuérdate de que siempre se ha dicho: “Ah, ¿cómo que ochocientos españoles conquistaron a miles y miles de indígenas?” No fueron ochocientos españoles o mil, sino miles y miles de contingentes indígenas con los que Cortés contaba: cien mil indígenas enemigos de Tenochtitlán que veían la oportunidad de liberarse del yugo mexica.

 

¿Es correcto pensar que la sociedad azteca era ajena a la noción de individuo mientras que el mundo católico se basa en la salvación individual de cada alma?

En Mesoamérica igualmente había una concepción importante del individuo como tal y lo vemos reflejado en muchos aspectos. Por ejemplo, el individuo estaba destinado a ir después de la muerte de un lugar a otro según la forma en que moría. Importaba mucho el destino del individuo después de la m uerte.

 

¿Con qué imagen de Moctezuma te quedarías? ¿Con el reo de las circunstancias, con el esclavo de la fatalidad religiosa, con el anfitrión que cumple con las leyes de la hospitalidad para salvar a su pueblo, con el rey cobarde que pintaron algunos historiadores del siglo XIX?

El tlatoani nunca supo que iba a provocar más de no sé cuántas óperas que llevan su nombre o libros que le están dedicados. No sé, en cambio, si hay una ópera dedicada a Cuauhtémoc. En cuanto a esta imagen de cómo concibo yo la figura del tlatoani, de Moctezuma: es importante ver en él a un profundo conocedor de su religión, un sacerdote familiarizado con los mitos, las creencias y aquellos símbolos aciagos que lo hacen temer: teme la caída de su imperio. Tanto Muñoz Camargo, como Sahagún, en fin, hay varios cronistas que mencionan cómo van apareciendo toda una serie de signos. Algunos de ellos creo que nunca ocurrieron: son parte de la fantasía popular; pero está el hecho de que haya aparecido el cometa y hay imágenes en códices en que el cometa está sobre el palacio de Moctezuma. Acuérdate que el cometa en Europa en aquella época causaba también toda una serie de trastornos y de temores de que se iba a acabar el mundo. Esto siempre está muy apegado a interpretaciones supersticiosas, el cometa es interpretado como algo nefasto que está anunciando la caída del imperio.

Moctezuma sabe que años antes de la llegada de Cortés ya anda merodeando en la costa gente extraña, como Grijalva, y varios más que llegan a costear. El tlatoani se apesadumbra, se calla, está inquieto, está viendo estos presagios, llegan y le dicen de otros presagios reales o inventados. Ve o prevé que puede venirse abajo el imperio, porque además sabe que hay muchos pueblos que no le son leales, hartos del famoso tributo. Él mide todo esto y era para estar inquieto el hecho de que fuera a ocurrir. Trata por ello de alejar a Cortés, le envía obsequios cuando está en Veracruz, cuando viene avanzando pone escuadrones para atacarlo, pero Cortés es avisado y los evade. Ante lo inminente, cuando ya va a entrar a Tenochtitlán, lo recibe, lo acoge en el palacio de su padre, de Axayácatl, los aposenta ahí y me imagino que ha de haber tenido entonces un sufrimiento enorme. Flaquea. Varias de sus gentes le dicen: “Oye, estas personas ya están aquí, hay que hacer algo” y él teme, no sabe bien cómo actuar hasta que lo toman prisionero, y sabemos las consecuencias.

Después avisarán a Cortés de que a la costa han llegado españoles, Pánfilo de Narváez. Él tiene que ir inmediatamente allá para sofocarlo y deja en Tenochtitlán el mando de las fuerzas españolas al tonatiuh, Pedro de Alvarado, obsesionado con el oro. Este ve en la fiesta a Tezcatlipoca que están todos adornados, haciendo sus ceremonias, sus “areitos” como dicen algunos cronistas, y entra a fuego y espada a quitarles todo; entonces exacerba totalmente al mexica: se levantan y empieza el acoso tremendo al palacio de Axayácatl. Cortés se entera y regresa haciendo grandes jornadas hacia Tenochtitlán, pero se encuentra una situación tremenda.

A la figura de Moctezuma hay que pensarla en ese momento, en esas circunstancias, ni cobarde ni sagaz. Actuó en ocasiones con debilidad, en ocasiones con ese conocimiento que él tenía de su propia historia.

 

¿Con qué imagen de Cortés te quedarías? En los últimos años la historiografía tiende a mirarlo con ojos benevolentes, de admirador ante el político del Renacimiento, como un conquistador de nuevo tipo, aquel que construye sus iglesias sobre los templos, como un nuevo tlatoani. ¿Estás de acuerdo?

Cortés indiscutiblemente era un hombre muy inteligente, preparado; había sido notario. Tenía una sagacidad impresionante, fue un gran estratega que captaba de inmediato los aspectos de cada circunstancia y en dónde podía haber algún error o debilidad del enemigo para aprovecharlo de inmediato. Él va a ir aprovechando las oportunidades que se le dan, avanzando siempre con pie firme, manejando la política de hacer suyos a aquellos que se sentían oprimidos por el mexica. Vienen entonces esas batallas relatadas maravillosamente por Bernal Díaz del Castillo y por el mismo Cortés en sus Cartas de relación. Es impresionante ver que un día cuentan cómo han avanzado, han tomado ciertas acequias y canales, y al día siguiente los recupera el mexica. Pese a la pestilencia que había ya después de la guerra de conquista, dicen que “los cadáveres estaban tirados allí, mutilados, hedía todo”… En fin, con todo ello, Cortés decide dejar pasar unos días para fundar la capital novohispana en el sitio en que había estado Tenochtitlán. Lo más fácil, después de esa guerra devastadora, con todo mutilado y destruido, con muertos por todos lados, era haberla instalado en otro lugar, en Coyoacán. Pero no, su sagacidad le dice: “Vamos a colocarla exactamente donde estaba el poder”, porque él veía más allá y pensaba: “Si estamos aquí, que era el centro del imperio anterior, ahora va a ser el centro de nuestro imperio para poder conquistar toda Mesoamérica y más allá.” Y lo sabemos porque nos lo cuentan frailes cronistas como Motolinía: cómo empiezan a destruir ídolos, templos y con esos mismos materiales construyen las primeras iglesias, los primeros conventos. Motolinía llega a comparar la erección de la nueva ciudad novohispana con las plagas del Apocalipsis y hace todo un relato de lo que ocurre; entonces comienza la llamada “conquista espiritual”: se tratará de cambiar, imagínate, la forma de pensamiento que había prevalecido en Mesoamérica durante cientos y miles de años.

 

Si tuvieras que describir el papel de la Malinche a alguien que jamás hubiera oído hablar de ella, ¿cómo la pintarías a ella y a su historia? Tal parece que pasó de ser la imagen de la traición a una especie de símbolo feminista, por así decirlo: la mujer que traduce el encuentro entre varios mundos.

La Malinche era una mujer de gran cultura en su medio mesoamericano: hablaba varias lenguas indígenas y eso va a ser de gran ayuda a Cortés. Por la importancia que esto tiene quisiera remontarme un poco a cuando Cortés llega a Cozumel y se entera de que hay dos españoles por lo menos que han naufragado, así que manda llamarlos y los invita a que se incorporen a su fuerza. Gerónimo de Aguilar es uno de ellos, Gonzalo Guerrero es el otro. Gerónimo era hombre de clerecía, dicen que hasta leía un libro de horas; no sé cómo lo preservaría porque ellos venían de un naufragio, pero bueno, dicen que él leía su libro de horas; yo me imagino que al pasar una mujer maya ni volteaba a verla, se clavaba en su libro de horas. Gonzalo Guerrero no, él se casa, empieza a tener hijos. Recordemos aquel momento en que Gonzalo Guerrero es invitado por Gerónimo a que se una a Cortés y le dice: “Yo soy aquí capitán en épocas de guerra, soy señor, mira mis hijicos cuan bonicos son. No voy a ir.” Y, en efecto, parece que muere peleando a favor de los mayas. Gerónimo de Aguilar no, él se une de inmediato.

Fue obsequiada la Malinche con otras mujeres a Cortés, a los españoles, y Cortés se va a apoyar mucho en ella, como lo vemos en los relatos de Bernal Díaz y de Cortés mismo. Se triangulan las lenguas: Cortés habla en español y Gerónimo se lo traduce al maya a la Malinche –que hablaba el maya, el náhuatl y otras lenguas indígenas. Se organiza el diálogo. Esta triangulación va a traer también consecuencias fuertes de incomprensión. Mi imagen de la Malinche no es la de una traidora: ella estaba sufriendo el aspecto dominante del mexica, la tributación, la imposición.

 

Y la incomprensión de las lenguas…

Cuando Cuauhtémoc es capturado en Tlatelolco, esa ciudad es el último reducto de la resistencia mexica; allí se van concentrando las fuerzas a su mando para la última batalla contra los españoles y sus aliados. El 13 de agosto de 1521 Cuauhtémoc es capturado y llevado ante Cortés. Aquí viene algo muy interesante. Primero, el nombre que se le daba al máximo gobernante era tlatoani. ¿Qué quiere decir tlatoani? Es “el que tiene el poder del habla”, “el que tiene el lenguaje”, “el que habla”. La consecuencia es que los demás callan y quien habla es el máximo gobernante. Él como tlatoani acaba de ser hecho prisionero por las fuerzas españolas, llega ante Cortés y no llega vencido sino altivo y le dice –están las palabras de Bernal Díaz: “Señor Malinche, he hecho lo posible en defensa de mi ciudad y ya no puedo más, por lo tanto toma el cuchillo que tienes en el cinto y mátame luego con él.” Entonces la Malinche se lo traduce así a Gerónimo y Gerónimo a Cortés, nada más que en ese triangulo lo que se le dice a Cortés es: “Dice el tlatoani que él ha perdido y que lo ejecutes.” Y no era eso lo que quería decir Cuauhtémoc; lo que quería decir era: “Toma ese cuchillo y sacrifícame con él”, que es muy diferente. “Sacrifícame”, porque el destino del guerrero prisionero era ser ofrendado a los dioses, y por lo tanto significa “sacrifícame a mis dioses para yo completar mi ciclo de ir a acompañar al Sol”. Es la incomprensión total: Cortés lo perdona muy cristiano. Cuauhtémoc no sale de su asombro: en vez de que se le diera la muerte digna del guerrero prisionero para acompañar al Sol, se le perdona, no lo dejan completar su ciclo. Imagínate nada más lo que eso significa para este joven guerrero.

 

¿Cuál es el motivo del predominio veloz y casi absoluto de la religión de los vencedores sobre los vencidos?

El que triunfa siempre lleva la ventaja de la opresión y de imponer nuevas formas de pensamiento. Fue enorme la sagacidad de los frailes para llevar a cabo la evangelización. Vieron que en sus fiestas los mexicas tenían mucha gente celebrando con danzas y rituales, y trajeron danzas desde España, lo mismo que autos que representan el Juicio Final para darle un poco de temor al indígena con las cosas del infierno, diciéndole además que sus dioses eran demonios. Empieza a echarse a andar ese aparato del cual las danzas de moros y cristianos son una sobrevivencia. Otro detalle fue el de las capillas abiertas. El indígena no estaba acostumbrado a entrar al templo: él participaba de las festividades, de las ceremonias, desde las grandes plazas tan abundantes en Mesoamérica –en Teotihuacán, en Tenochtitlán, en Monte Albán, por ejemplo. En el templo propiamente dicho, adentro, solo estaba el iniciado; en cambio, en el catolicismo el feligrés entra a la iglesia a encontrarse con el sacerdote.

Entonces, ¿qué hace el fraile? Las capillas abiertas, de las que tenemos magníficos ejemplos, para que en el atrio, frente a la iglesia o el convento, se concentrara el indígena a escuchar la misa o los sermones y poco a poco fuera incorporándose al interior de las iglesias. Surgen los catecismos testerianos, de fray Jacobo de Testera. Manejaban códices y pintaban catecismos a manera de códices: oraciones, el credo, pasajes bíblicos. Ello aparejado, además, con la destrucción de sus propios templos. Pero el indígena empieza a resistirse. Motolinía escribe en sus memoriales cómo en la ciudad de México y en Tlaxcala los engañaban: el indígena tiene el encargo de construir las iglesias y en un momento dado se las ingenian para esconder a uno de sus dioses en la propia imagen cristiana.

 

Los “ídolos tras los altares”, como se titula aquel libro de 1929 de Anita Brenner…

Fray Diego de Landa, franciscano, se da cuenta de que muchos de sus ayudantes en la catequización, jóvenes mayas, le rendían culto a sus dioses en cuevas, y se arma la grande: queman los códices, queman ídolos y torturan a estas gentes; los cuelgan, los azotan. Finalmente, hay un dios que es Tlaltecuhtli, que es el señor-señora de la tierra. Este dios se tallaba en piedra, pero siempre iba colocado bocabajo, porque al ser señor-señora de la tierra tenía que ir pegado a la tierra. Cuando viene la destrucción de ídolos y de templos, se ordena que aparten buenas piedras de estos para la construcción de las primeras iglesias coloniales, y entonces el indígena empieza a separar los Tlaltecuhtlis y a tallar en ellos una base de columna colonial, preservando la escultura de su deidad abajo. Yo he recreado esa escena: el indígena está empezando a tallar la base de una columna colonial, pasa el fraile por ahí, o el alarife, y le dice: “Oye, tienes ahí uno de tus demonios.” “No se preocupe, su merced, va a ir boca abajo.” “Ah, bueno.”

Hubo resistencia, y todavía actualmente los antropólogos que estudian diversas poblaciones en el área rural con mucha tradición indígena se encuentran, ya disminuidos, esos vestigios conviviendo con el catolicismo.

 

¿Te gusta el concepto de conquista espiritual?

El XVI fue el siglo de la conquista militar y luego vemos la espiritual. Acuérdate de que era una lucha ideológica, es decir una forma de pensamiento contra otra, donde la religión por ambos lados jugaba un papel importantísimo. Al principio se destruye, se trata de implantar la nueva religión. Pero, por ejemplo, el mismo fray Bernardino de Sahagún tiene interés en conocer, igual que otros frailes, la historia, las características religiosas del pueblo recién conquistado. Vemos claramente lo que Sahagún advierte al principio de sus doce libros: “Así como el médico tiene que conocer muy bien las dolencias humanas para tratar de curarlas, también mis hermanos los frailes deben conocer profundamente las costumbres de estas gentes para que no los engañen aparentando que están haciendo algún ritual católico cuando en realidad están haciendo un ritual para ellos pagano.” Ese procedimiento produjo un caudal de información maravilloso para el historiador, para el arqueólogo. Pero la preservación de muchos monumentos del pasado se va a dar muy tardíamente, hasta el siglo XVIII, por ejemplo, cuando aparece la Coatlicue, la monumental escultura en la Plaza Mayor de México, o cuando aparece el 17 de diciembre de 1790 el Calendario Azteca.

 

¿Cuál crees tú que sea el balance actual de la Conquista, qué ha cambiado en las miradas sobre la Conquista, con todas las nuevas investigaciones que se han hecho?

Nosotros tenemos cuatro momentos históricos de gran relevancia: uno es la Conquista, del que hemos estado hablando, el otro es desde luego su consecuencia, la Independencia, el otro el movimiento de Reforma y el otro la Revolución. Pero veamos la Independencia. Después de varios siglos de dominio español se va a dar este movimiento insurgente que toma como bandera inicial a la Virgen de Guadalupe, un aglutinante de fuerzas alrededor de la causa. Al final también observamos cómo el Ejército Trigarante, con Iturbide al frente, y Guerrero y demás, entra a la capital y trae la bandera, en aquel momento con bandas diagonales, pero ya con los colores de la bandera actual. ¿Por qué? –y creo que esto no se lo han preguntado los estudiosos de la bandera nacional–, ¿por qué en la parte del color blanco que representa la pureza de la religión católica no queda plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe, que había sido la capitana del ejército insurgente y que lo había aglutinado? Recordemos que Guadalupe Victoria inclusive cambia su nombre por eso. ¿Por qué no queda la imagen católica, con toda su relevancia, en la bandera nacional, en esa parte del color blanco?, y ¿qué es lo que queda en cambio? El símbolo azteca, el símbolo mexica de Tenochtitlán prevalece, el águila parada sobre el nopal devorando a la serpiente.

La respuesta es el colofón de esta situación histórica. Los insurgentes tienen una necesidad enorme de encontrar el cordón umbilical hacia el mundo que había sido destruido por España. El insurgente trata de unir ese cordón, y lo vemos en varias expresiones: en el discurso de Morelos en Chilpancingo en 1813, en donde exalta como héroes a Cuauhtémoc, Moctezuma, etcétera. Empieza a mezclar a quienes eran enemigos acérrimos, como eran los tarascos y los mexicas, planteando la idea de que aquella era una gran nación que fue destruida por España. Quiere reivindicar ese elemento, insistir en que todo el movimiento colonial se basó en la destrucción de estos pueblos, reivindicar el símbolo de Tenochtitlán. No sé por qué no se preguntan por qué se quedó el color blanco.

 

¿Qué sabía Morelos del mundo precortesiano, qué libros había leído sobre el México azteca?

Yo creo que no fueron muchos los libros que leyó al respecto. ¿Sabes quién era el que lo ayudaba? Carlos María de Bustamante. Parece que ese discurso inclusive se lo hace él: era el intelectual que estaba a su lado, quien había leído a León y Gama, y a Humboldt, algunas fuentes ya traducidas.

 

¿Conocían la Brevísima relación de Las Casas?

Sí, había algunas fuentes nada más. Se nutrían de eso; además lo manejan como elemento político, diciéndose: “España destruyó esto, vamos a reivindicar que esas eran nuestras raíces.”

 

¿Y por qué en el Museo de Antropología la sala principal es la azteca?

Lo que los aztecas no habían logrado en el mundo prehispánico, la conquista de toda Mesoamérica, lo van a lograr después, como el Cid. Octavio Paz menciona precisamente ese aztequismo y toma como ejemplo el Museo de Antropología, que tiene ese centralismo: tú empiezas el recorrido por los antecedentes en el Valle de México, Teotihuacán, Tula, etcétera, pero en el lugar central viene la sala mexica y después las otras culturas mesoamericanas. Entonces, además, la sala mexica es la única que no tiene encima otra sala de etnografía, como ocurre en las otras culturas. Tiene su triple techo y en el altar mayor está el Calendario Azteca. ~

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