Jabones, bolsas de papitas y sopas Maruchán. Apuntes desde Arizona (3)

En un albergue para mujeres de Iniciativa Kino en Nogales, Sonora, cuentan cómo sobrevivir la espera y la desesperación.
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Una mujer quiere regresar a Fresno, California en donde vivió más de veinte años para reunirse con sus hijos. Otra quiere alcanzar a su hijo que acaba de cruzar y está en Phoenix. Otra está buscando a su marido, de quien la separaron cuando los “agarró la migra”. Otra tiene una cortada profunda y moretones en la espinilla. Algunas vienen llegando después de meses en un centro de detención como resultado de la entrada en vigor de la Operación Streamline; otras acaban de regresar del desierto, en donde las detuvo la Patrulla Fronteriza.

En un albergue para mujeres de Iniciativa Kino en Nogales, Sonora, cuentan cómo sobrevivir la espera y la desesperación.

Rallan el jabón, forman bolitas y las amarran con bolsas de plástico transparente para hacer rosarios.

Usan los calcetines para enroscarse el cabello y hacerse peinados. Cualquier lápiz sirve para pintarse los ojos, y el hilo del calzón para sacarse las cejas. Con la parte de adentro de las bolsas de papitas y un vaso hacen espejos.

“Si tienes sopas Maruchán, eres la reina del lugar”. Con la pasta de la sopa hacen una papilla para cocinar tamales y con el polvito sazonan la salsa. 

Todo hay que esconderlo porque si algún oficial encuentra cosas en el cuarto, te meten “al hoyo” y el tiempo en las celdas de aislamiento no cuenta para la sentencia.

Por una pequeña ventana cuarteada miran hacia el centro de detención en donde están los hombres. En las noches se comunican con señas. “Pero a mí no me importaba eso. Yo miraba por la ventana a los pájaros y pensaba ¿cuándo podré volar?”