Todos los escritores borrachos

La escritora Leslie Jamison ha dejado el alcohol dos veces y ha dedicado años a estudiar y leer los libros de algunos de esos escritores que le sirven de mimbres para construir 'La huella de los días'.
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Leslie Jamison

La huella de los días

Traducción de Rita da Costa, Barcelona, Anagrama, 2020, 630 pp.

El español de La princesa prometida es alcohólico. Cuando Vizzini lo recluta para que le ayude a secuestrar a la princesa, dice, “estabas tan borracho que ni siquiera podías pedir otra”. Cuando el gigante Feezick lo encuentra borracho de nuevo en esa misma taberna, le basta con meterle la cabeza en barriles llenos de agua un rato y recordarle que tiene una misión importante: vengar a su padre. En la realidad, la vida de los adictos es un poco más compleja –no todos persiguen a un hombre con seis dedos en una mano– y no resulta tan fácil renunciar al alcohol o a las drogas. El escritor alcohólico es un cliché: Hemingway, Scott Fitzgerald, Carver, Cheever, Marguerite Duras, Malcolm Lowry o Jean Rhys están en el panteón de los borrachos profesionales. Algunos trataron de desintoxicarse, como Duras; Rhys, por ejemplo, nunca lo intentó. Algunos dedicaron libros a retratar el alcoholismo, como Lowry en Bajo el volcán, o muchos de los cuentos de Carver, que son cuentos sobre alcohólicos.

La escritora Leslie Jamison ha dejado el alcohol dos veces y ha dedicado años a estudiar y leer los libros de algunos de esos escritores que le sirven de mimbres para construir su recorrido etílico, pero también de formación y lector en La huella de los días. Este libro largo abarca la relación de una idea del escritor y la creatividad con el alcohol u otras sustancias. Jamison explica que el impulso para su tesis doctoral, en la que trata de romper con el cliché de que el alcohol estimula la creatividad, surgió casi como una necesidad: encontrar escritores que hubieran sido mejores después del alcohol. La huella de los días es también una historia personal, la de su alcoholismo, sus desintoxicaciones, su aborto, sus noviazgos fallidos, sus novelas abandonadas, etc. Pero su historia personal se mezcla con la de otros: con la de escritores adictos como Charles Jackson, cuya novela as sin huella es una de las principales guías de este ensayo, o John Berryman, cuyos poemas se analizan, junto con los estudios sobre su obra: “Yo quería creer que renunciar al alcohol no equivalía a renunciar a la efervescencia y Hyde sugería que los frutos de la inspiración alcohólica no eran dignos de admiración, sino que ponían en entredicho esa misma inspiración.” Aparecen otros adictos reconocidos, como Billie Holiday, Amy Winehouse o David Foster Wallace. Las borracheras de Jamison, nada festivas, que buscaban más bien un apagado, se alternan con la relación con el alcohol de Duras, Elizabeth Bishop o Rhys; también la historia de Lowry, que estaba escribiendo su obra maestra sobre el alcoholismo cuando Jackson se le adelantó con as sin huella.

Jamison estuvo en Iowa City en dos momentos de su vida, primero como estudiante del famosísimo departamento de escritura creativa. Bebe y cuenta historias y se siente insegura y se acuesta con poetas. Las sombras de Cheever y Carver andan por ahí, pero también la temporada de Girls en la que Hannah Hovart acudía como alumna y sufría leyendo sus relatos frente a sus compañeros. La segunda, cuando se instala allí con su novio, al que ofrecen un trabajo allí. Ella se pelea con una novela sobre la revolución sandinista, después de haber publicado su primer libro, y trabaja en una panadería. Pero el libro es mucho más, es una historia de la condena social del adicto, al que se vende como un criminal y no como un enfermo, y de la guerra contra las drogas. Es una reivindicación de Alcohólicos Anónimos, o más bien un reconocimiento al papel de la organización ayudando a otros alcohólicos y tejiendo redes. Charles Jackson fue el primero en mirar con escepticismo las reuniones. Aparece también la historia de Bill Wilson, fundador de aa, autor del Gran libro y de unas memorias, que, entre otras cosas, probó la terapia con lsd para desintoxicarse.

No hay relato de alcohólico sin recaída, que antes de suceder aparece como fantasía en los adictos; Jamison tuvo la suya, como la tuvieron los escritores de los que habla. En parte, la historia personal de Jamison sigue los pasos del relato típico de aa: hay que tocar fondo. En su caso, eso sucede mientras pasa una temporada en Nicaragua como voluntaria, y una noche termina acostándose sin ganas con un hombre porque está demasiado borracha y cansada como para quitárselo de encima. Aun así, desde ese episodio hasta el primer intento de dejarlo, pasará un tiempo: pasa un novio también alcohólico y noches de las que no recuerda nada. El libro huye del psicologismo y de buscar una causa a su alcoholismo: más que la brillantez de sus hermanos o la necesidad de impresionar a su familia, Jamison sabe que la razón de su tendencia a la adicción está en su adn y en una predisposición genética. Como dice hablando de Jackson y su novela: “as sin huella me encantaba en parte por eso, por su rechazo a la idea de que es fácil, automático incluso, dotar al alcoholismo de significado. La novela hacía hincapié en que no siempre se podía rastrear la autodestrucción hasta un inmaculado mito psicológico fundacional: ‘Hacía mucho que el porqué había dejado de tener importancia. Eras un borracho, no había vuelta de hoja’.”

Una de las características de las reuniones de aa es que se aprende a escuchar los relatos de los demás. En La huella de los días se cuentan algunas historias de gente que Jamison conoció en aa (quizá esa es la parte en la que el libro flaquea mínimamente). Pero es bonito que Jamison, que empieza el libro contando que en una de esas reuniones, mientras estaba hablando, ella, escritora, escuchó cómo alguien gritaba que era un rollazo, acabe cediendo la voz a otros, cuyas historias podrían ser las de cualquiera. Y eso es una enseñanza para ella, que siempre ha estado contra el cliché: reconocerte en los demás, en los vómitos y en las recaídas, saber que no eres tan diferente resulta tranquilizador.

La huella de los días es un libro emocionante, lleno de erudición y escrito con agilidad, y es un agradecimiento a todos los que comparten sus historias de adicción y animan a otros a intentar dejarlo. ~

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