Centenario de Manuel Ponce

El 24 de febrero se celebrará en el Palacio de Bellas Artes el centenario de Manuel Ponce. Gabriel Zaid publicó en estas páginas (mayo de 2000) un acercamiento a este poeta. Ahora nos ofrece una versión ampliada de aquel texto.

Dos libros excepcionales: Subordinaciones de Carlos Pellicer (Jus, 1949) y El jardín increíble de Manuel Ponce (Jus, 1950) fueron reeditados cincuenta años después: Subordinaciones (Fondo de Cultura Económica, 1999) yEl jardín increíble (Jus, 2000). Además de esa curiosa coincidencia, tienen otra: la visión religiosa de la naturaleza.

En la selva de Pellicer, lo natural se vuelve connatural. Recuerda la fraternidad de San Francisco con todas las criaturas:

Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano,

siento la conexión y lo que se destila

en el alma cuando alguien está junto a un hermano.

En el jardín de Ponce, lo natural se vuelve sobrenatural. Recuerda a los místicos arrobados por la luz entre los árboles:

Callamos por la luz que se rebana,

por la hoja que se ha distraído

y cae.

El jardín increíble fue reeditado en la colección de Clásicos Cristianos, con dos buenos textos de presentación: “La teofanía enEl jardín increíble” de Javier Sicilia y “Poesía y revelación” de María Teresa Perdomo, autora de La poesía de Manuel Ponce (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1994), libro que recoge mucha información y entra acertadamente a lo más difícil de todo: el análisis literario de los poemas.

Ponce nació en Tanhuato, Michoacán, el 15 de febrero de 1913 y murió en la ciudad de México el 5 de febrero de 1994. Como Pellicer, no le daba importancia a las fechas exactas. La Academia Mexicana de la Lengua preparaba Semblanzas de académicos: Antiguas, recientes y nuevas  (FCE, 2004) y, al encargarme la de Ponce, me entregó su currículo, que discrepaba de la información que él mismo me había dado sobre su nacimiento (y no objetó cuando la publiqué). Se me ocurrió buscar el acta de nacimiento en Tanhuato, que no existe porque entonces no había registro civil; pero obtuve la partida de bautismo, gracias a la eficacia de la parroquia: la pedí por teléfono y me la enviaron por correo.

A continuación, corrijo errores. Nació el 15, no el 19. Le pusieron J. Manuel Salvador. Sus padres fueron Lorenzo Ponce (que murió cinco años después) y María Josefa Zavala. Sus padrinos, Manuel Cerrato y María Hernández Martínez; no el párroco del lugar, José C. Figueroa, que él recordaba como padrino (y quizá lo fue de confirmación, o de primera comunión, o simplemente de protección al niño huérfano). Entró a los once años, no a los trece, al Seminario de Morelia, según los registros escolares que fue a ver la doctora Perdomo. Ella también verificó que la fecha de ordenación fue el 15 de noviembre de 1936, no el 8 de diciembre; aunque esta fecha figura en el folleto que celebró susBodas de oro sacerdotales (Libros de México, 1987). Pero la discrepancia en este caso se explica, porque se trata de dos liturgias distintas: la ordenación y la primera misa o cantamisa, poco después.

Fue el segundo de tres hijos (Adolfo, Manuel, Olivia) de una familia de Puruándiro que llegó de visita a Tanhuato, donde el párroco era su pariente (y se volvió el modelo del niño). Su padre era comerciante en semillas, y quizá también iba de negocios. Prolongaron su estancia por la inseguridad derivada del cuartelazo del 9 de febrero de 1913, unos días antes del nacimiento del niño. Su madre queda viuda en 1918. Lo interna en el Seminario de Morelia en 1924. En 1926, el presidente Calles inicia la tercera persecución religiosa en la historia de México. Los seminaristas de Morelia huyen con sus maestros (como el sacerdote y poeta michoacano Francisco Alday) hacia un refugio clandestino en León, Guanajuato. Tardíamente, recibe la ordenación en Morelia (con cierto sigilo: no en la catedral, que habría sido lo normal, sino en la capilla de San José) de manos de otro poeta michoacano: Luis María Martínez, entonces obispo auxiliar de Morelia y luego arzobispo de México y académico de la lengua.

(En 1950, todavía quedaban polvos de aquellos lodos persecutorios: el académico Luis María Martínez tuvo la osadía de presentarse a una sesión solemne de la Academia en el Palacio de las Bellas Artes vestido de arzobispo, por lo cual su colega Martín Luis Guzmán le recordó el artículo 130 de la Constitución y armó un escándalo, contado por él mismo en un sabroso libro [Academia, Compañía General de Ediciones, 1959].)

Pero el joven poeta y sacerdote no se fue del seminario: se quedó como profesor de literatura veinticinco años más (1936-1961) y siguió escribiendo. Tuvo la suerte de que sus poemas le gustaran a Gabriel Méndez Plancarte (otro sacerdote y poeta michoacano), entonces adalid, con su hermano Alfonso, de la renovación de la cultura católica en la revista Ábside. Lo presentó como un “artista original y profundo” cuando aún no cumplía los veintiséis años y le publicó “Ocho poemas inéditos” (enero de 1939). Además, publicó su primer cuaderno poético, Ciclo de vírgenes (1940), que sorprendió por su atrevimiento. Según Cyril Connolly: “Fuera de Hopkins, los escritores católicos casi nunca experimentan” (The Modern Movement).

Después de este cuaderno, publica otros dos, también Bajo el Signo de Ábside:Quadragenario y segunda pasión (1942) y Misterios para cantar bajo los álamos (1947). Los jaikús a lo divino del último fueron una novedad absoluta y llamaron mucho la atención. Leonardo Velázquez transformó cuatro en preciosas canciones en la voz de Margarita Pruneda (Fernando Díaz de Urdanivia las incluye, con textos de otros poetas recitados o escenificados, enPoesía religiosa, disco CD-LUM-93002-P, Luzam, 1993).

En 1944, funda la revista literaria Trento, que dirige hasta el último número en 1968. En 1969, deja Morelia para residir en México y hacerse cargo de la Comisión Nacional de Arte Sacro, órgano del episcopado mexicano, cuya fundación promovió y de la cual fue secretario hasta su muerte. Organizó la publicación del libro Il barocco del Messico (Milán, Jaca Book, 1991) y la celebración del Primer Simposio Internacional de Arte Sacro en México (1992). Por sus trabajos en favor del arte sacro, Juan Pablo II, al formar la Comisión Pontificia para la Guarda y Fomento del Arte y de la Historia, lo nombró consultor (1991); y en mayo de 1992 le concedió el título honorífico de Capellán del Papa, con la prerrogativa (que no usó) de ser llamado monseñor.

En 1962, publicó Cristo (recital poético, 1959). María (recital poético, 1961) y en 1968, Elegías y teofanías, ambos en Jus. El 14 de octubre de 1977 ocupó la silla XIV de la Academia Mexicana de la Lengua con un discurso sobre La elocuencia sagrada en México, respondido por Alí Chumacero (ambos publicados por la Academia en sus Memorias, tomo XXIV, pp. 138-157 y también como opúsculo, 1977).

Leyó mucha poesía en italiano, latín, francés y, desde luego, en español. En sus poemas hay huellas de Gerardo Diego (cuya admirable musicalidad igualó) y Rafael Alberti (cuyo libroSobre los ángeles influye enCiclo de vírgenes).

Leía poco el inglés, y se enteró muy tarde de Gerard Manley Hopkins, con el cual tuvo paralelismos. Ambos sacerdotes católicos y poetas; ambos innovadores con una originalidad que les ganó incomprensiones del medio religioso y admiración del medio literario; ambos dispuestos a sacrificar su vocación poética a su vocación sacerdotal; ambos interesados en la música hasta el punto de intentar la composición. Ambos con invenciones de una música refinada y difícil que inventa cosas todavía más difíciles: nuevos sentimientos religiosos, un frisson nouveau donde menos se esperaría. En los mejores poemas de ambos, las ideas, los temas, los sentimientos, el vocabulario, la adjetivación, las imágenes, la métrica, rompen las convenciones de la poesía religiosa: inventan su propia forma de religiosidad poética, renuevan el lenguaje poético de la experiencia de Dios.

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Comentarios (3)

Mostrando 3 comentarios.

El prólogo de dicha antología es de Carlos Monsiváis.

El salmo fugitivo. Antología de poesía religiosa latinoamericana del siglo XX ha sido reeditada en España por la editorial CLIE en 2009: www.clie.es/?page=shop/product&product_id=224654. Los poemas de Manuel Ponce aparecen en las páginas 268-272.

Excelente, todo lo comentado por Gabriel Zaid, uno de nuestros mejores ensayistas, poeta y escritor.

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