Elegía

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Lo profundo es la sangre aquí dentro,

cintas y más cintas de glóbulos errantes,

discos que fluyen intramuros con lavas caudalosas,

el líquido hormigueo de las venas

como galería de espejos

donde vida y sueño se replican eternamente.

El muchacho que leía en la luz aterida del norte

sigue leyendo bajo acacias africanas

y ve cómo su sombra es su hija, la sombra de su hija.

Las palabras se hicieron savia,

nervadura,

ríspida corteza bajo la cual bullían

esquinadas metamorfosis: él mismo.

Entretanto, la sangre siguió girando a ciegas,

abriendo espacio en el espacio de un cuerpo

–páramos, ciudades, dormitorios y oficinas, 

demonios y esplendores.

¿Qué importa si hubo vértigo, si el baile

fue a veces aquelarre,

premonición de ruina?

Ahora sólo escucha el parpadeo de los ramos

y la carne de su carne ensanchando el presente.

Lo profundo es la luz aquí dentro. ~